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Este blog ha sido creado sin ánimo de lucro, no me reporta ningún tipo de beneficio económico o de cualquier otra índole. El único interés que me guía en este proyecto es la divulgación, el intento de llevar al gran público un aspecto del debate ciencia-fe que, considero, no es suficientemente conocido, pero que, no por esto, debe ser obviado si pretendemos construirnos un criterio global y objetivo sobre un tema de candente actualidad.

Todos los párrafos aquí reproducidos son propiedad intelectual única y exclusivamente de sus autores. Siempre que sea posible se indicarán los títulos de los libros u otro tipo de publicaciones de donde fueron extraídos, así como el nombre y credenciales académicas de esos mismos autores. En algunos casos se proporciona al lector enlaces a librerías on line donde pueden adquirir sus obras. Aquí encontrarán una amplia bibliografía referente al debate ciencia-fe, que incluye todas las obras de divulgación consultadas en la progresiva elaboración del sitio.

Sólo los textos escritos en las entradas en caracteres grises son artículos de opinión de mi autoría. Si desean reproducir éstos en otros blogs o páginas web, indiquen, por favor, mi nombre o el lugar del que proceden. Gracias.

Bienvenidos :-)

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Los límites de la Ciencia. Martín Bonfil Olivera

ajedrez ciencia

"Hay cuestiones para las que el método científico resulta inadecuado, fuera de lugar. Van desde las muy profundas (¿existe un dios —o diosa— creador del universo? ¿Cuál es el sentido de la vida humana?) hasta las muy terrenales y cotidianas (¿cómo resolver problemas políticos, amorosos, éticos..?) En todos estos casos, la ciencia no sólo no tiene nada que decir; debe permanecer al margen del debate.


Ante estos límites, una buena comprensión de lo que es la ciencia nos obliga a tener paciencia para llegar a conocer lo que todavía no conocemos, y humildad para aceptar que hay respuestas que nunca podremos conocer. Pero también a ser lo suficientemente inteligentes para reconocer que hay preguntas que tendremos que responder, sólo que sin su ayuda".


Martín Bonfil Olivera
Químico, biólogo y divulgador mexicano
Fue profesor de Ciencias en la Universidad Nacional Autónoma de México
Es colaborador habitual de la revista de divulgación The Cult


***


En efecto, en nuestra opinión, como ya hemos comentado en otras entradas, la Ciencia debería permanecer al margen de determinadas cuestiones porque, si cometemos el error -que ya cometen muchos- de interpretarlo TODO exclusivamente a través del prisma aséptico del método científico, podríamos acabar, por ejemplo, calificando de "inmorales" a las madres que no abortan a sus bebés con Síndrome de Down (Richard Dawkins, ver polémica aquí) o aconsejando a los ancianos que dejen de cuidarse con el sano propósito de que mueran pronto, que no se vuelvan "patéticos" y no supongan una molesta carga para sus familias y la sociedad. Hablamos aquí de Ezekiel Emanuel, un oncólogo norteamericano de 59 años, que, observando la corrida desde la confortable seguridad de la barrera en la que ahora se encuentra, sitúa la frontera con el "patetismo" en los 75, edad a la que, siempre según sus reduccionistas conclusiones, el hombre deja de ser "creativo" y debería pasar a mejor vida... Aconsejamos al lector consultar las biografías de Monet, Renoir, Buñuel, Picasso, Berlanga, Dalí, etc. Qué manía tienen algunos genios con dejar mal a las eminencias :-). Mick Jagger tiene 72... Quizás también debería ir pensando en dejarse morir en lugar de derrochar tanta creatividad por esos escenarios de Dios y molestar a todo el mundo... especialmente a las eminencias ;-)
 
Bromas aparte, lo más inquietante, como ya hemos indicado aquí en múltiples ocasiones, es que, contemplada la cuestión desde su angosta perspectiva, Dawkins y E. Emanuel no estarían equivocados. Como todos sabemos, definido sólo desde el paradigma actual fisicalista, y negándole cualquier otra dimensión que no sea la descrita en estos momentos por la Ciencia, el hombre no es más que un aborto casual de la Nada, una bacteria hipertrofiada que, si no funciona correctamente, se convierte, en buena lógica, en un palo atravesado entre los radios de la gran rueda de la Selección Natural... O funcionas bien, o eres lastre y estorbas. Ni más ni menos.


Esto no me lo estoy sacando de la manga; los lodos actuales, para quienes a estas alturas aún no lo sospechen, vienen de estos polvos:


"Los miembros débiles de la sociedad van propagando su naturaleza, con grave detrimento de la especie humana, como fácilmente comprenderán los que se dedican a la cría de animales domésticos. Es incalculable la prontitud con que las razas domésticas degeneran cuando no se las cuida y, a excepción hecha del hombre, ninguno es tan ignorante que permita sacar crías a sus peores animales...

Entre los salvajes, el débil es rápidamente eliminado, y los que sobreviven exhiben normalmente un estado de salud vigoroso. En cambio nosotros, hacemos los mayores esfuerzos por controlar ese proceso de eliminación... Hay razones para creer que la vacunación ha preservado a muchos individuos de constitución física débil, que de otro modo habrían sucumbido ante enfermedades comunes (viruela, etc.) De ese modo los miembros débiles de las sociedades civilizadas propagaron su linaje...

Debemos sobrellevar los males que a la sociedad resulte de que los débiles vivan y propaguen su raza". 

Charles Darwin
Naturalista inglés
Extracto de "El origen del hombre", 1871 



En el mismo tratado, Darwin especifica quiénes son aquellos a los que él considera "los miembros débiles de la sociedad" (en otros puntos los llama "miembros inferiores" con esa conmovedora incorrección política tan victoriana), a saber, textualmente: "los pobres", "los imbéciles", "los tullidos" y "los enfermos" -físicos y mentales-). Paradójicamente, entre los "débiles mentales o débiles de alma" se hallaba él mismo, pues sufría una fuerte neurosis que le causaba ataques de pánico y le impedía llevar una vida normal. Esta es una de esas tristes ironías de la Historia, porque toda la obra de Darwin, hoy tan celebrada, fue escrita cuando su trastorno estaba muy avanzado. Resulta que precisamente su enfermedad, su "debilidad", fue pieza clave en la elaboración de sus libros ya que, según aseguran algunos de sus biógrafos, la actividad intelectual le ayudaba a relajarse. Agradecemos, pues, a la Selección Natural que, a pesar de pertenecer a la categoría de los "débiles mentales", no eliminara a Darwin antes de que finalizara su trabajo. Y agradecemos a la Naturaleza en general que le llevara tan obstinadamente la contraria respecto a eso de la "inutilidad" de las "razas inferiores" :-)


Aunque estamos convencidos de las honestas intenciones de Darwin, lo que sin lugar a dudas no surgió de la nada fue el espíritu de Auschwitz. Pero, como afirma la sabiduría popular: el averno está empedrado de buenas intenciones, y basta echar un vistazo a esos párrafos anteriores y otros muchos de "El origen del hombre" para deducir que el infierno de la II Guerra Mundial estuvo empedrado de cientifismo. La Ciencia y sus difusos límites estuvo bastante más relacionada con el nacimiento y auge del nazismo de lo que muchos están dispuestos, aún hoy, a confesar. De hecho, cuando señalamos esta realidad histórica, muchos "fans" de la Ciencia, generalmente materialistas, se rasgan las vestiduras y nos llaman "desquiciados", como si hubiera sido nuestra y no de Darwin la idea de clasificar a los seres humanos en razas "superiores" e "inferiores" y se nos hubiera ocurrido a nosotros que es un "mal para la sociedad" que los "débiles" se reproduzcan... Nuestros "fans" de la Ciencia se enfadan y nos insultan (quizás debido al síndrome de los comedores de ajos :-)), pero, hasta ahora, ni uno solo ha sabido explicarnos, entre insulto e insulto, por qué no tenemos razón al proclamar que hay una relación clara entre el darwinismo y el ideario segregacionista de Hitler, y entre estos y el cientifismo, la ideología que mantiene que sólo la Ciencia tiene acceso fidedigno a la verdad y que esta verdad interpretada por la Ciencia es soberana y extrapolable a todo ámbito humano.


Visto de este modo y volviendo al principio, ¿qué tal si, como aconseja Olivera, dejamos las grandes cuestiones como el sentido de la vida, la resolución de problemas políticos, amorosos o éticos a aquellas disciplinas que fueron concebidas específicamente para tales fines? En otras palabras: ¿qué tal si dejamos que la Ciencia se mantenga fuera de este debate, se ciña a su campo de estudio y nos muestre "de qué" está hecho el mundo material -algo que hace de maravilla- y les deja a los demás la ardua, pero fascinante tarea de intuir y reflexionar sobre el "por qué" y el "para qué" está hecho ese mundo material?

¿Qué tal si, entre todos, hacemos lo posible para que las puertas de Auschwitz
 continúen cerradas?




Disculpen las mayúsculas.
Ver también:


No somos solo física y química.
El fundamentalismo científico, una forma de pseudociencia.
La pregunta de Leibniz y los múltiples mapas de la realidad.
La Ciencia, uno de los caminos para aprehender la realidad.
El origen de las leyes naturales o la pregunta número 23.
Los dogmas de la Ciencia.
Jacques Monod y la mitología materialista de la Ciencia.


Más información en nuestra Bibliografía.
 

"La ciencia moderna desnuda a la naturaleza de todo valor moral". Olivier Rey

ciencia y fe. robot

"Cuando aparece la ciencia moderna, un cierto número de personas se entusiasma: ¡finalmente podremos, con el estudio matemático de la naturaleza, descubrir el verdadero método para estudiarla y, por tanto, para orientarnos en la vida! Sin embargo, el estudio de la naturaleza puede contribuir a orientarnos en la vida solamente si se reconoce a la naturaleza su valor moral, sólo si esta naturaleza es un cosmos. Ahora, por principio, la ciencia moderna desnuda a la naturaleza de todo valor moral, pues no tiene interés en ésta en cuanto tal: de ella sólo le interesan sus estructuras matemáticas. Sus estructuras ciertamente pueden ayudarnos a manipular la naturaleza, pero no pueden decirnos absolutamente nada sobre qué debemos hacer. Y esto, repitámoslo, no es debido al hecho de que la ciencia aún no está suficientemente desarrollada, sino a la esencia misma de la ciencia moderna".

***

"La “matematización” de la naturaleza por sí misma no causa el problema, sino el hecho de que este enfoque tiende a convertirse en exclusivo, desvalorizando cualquier otro enfoque de la naturaleza en cuanto no científico. La “matematización” nos permite adquirir una cantidad de conocimientos que no serían accesibles de otra manera, pero impide acceder a otros, de otro orden... Conocer a alguien no significa sencillamente conocer su peso, su altura, su edad y sus otras medidas, incluidos los test cardiacos y respiratorios que se realizan en un laboratorio. Conocer a una persona es otra cosa. Como puede usted ver, hay formas de conocimiento distintas de los de la ciencia moderna. (Podemos afirmar sin ningún problema que un ejemplar de "El Quijote" es un conglomerado de papel y tinta. ¿Es falso? No :-) Lo que es falso es afirmar que el libro es "sólo" eso, y pretender que no hay otra manera posible de entender ese objeto que atendiendo a su dimensión física, es decir, al papel y la tinta. Sé que hacemos analogías como ésta a menudo, pero nunca está de más recordarlo, nunca es mal año por mucho trigo ;-)).

*** 

"Debemos colocar a la ciencia en su justo lugar, que es ciertamente el de una disciplina capaz de darnos conocimientos que sólo ella puede darnos, ayudándonos a manipular la realidad; pero su deber no es el de decirnos lo que debemos hacer".

***

"Muchos biólogos modernos y contemporáneos se declaran monistas, es decir, para ellos no existe nada más que la materia. En realidad son unos dualistas empedernidos que han roto hasta tal punto el vínculo entre espíritu y materia que no se dan cuenta de que lo que les permite decir que todo es materia es exactamente el espíritu, el suyo, totalmente externo a la materia". 

***

"La ciencia moderna (deriva hacia) cierta forma de nihilismo: la abolición de la persona (en otras palabras la "cosificación del ser humano", con todas las terribles consecuencias que esto podría acarrear si un grupo de poder social, a fuerza de oírlo y repetirlo, llega a tomárselo realmente en serio). En el amor pasional la persona desaparece en la fusión amorosa; en la ciencia, la abolición de la persona se realiza con su absorción en un funcionamiento mecánico".

***


***

"Ser racional no significa considerar que la razón es competente en todo, sino reconocer que tiene sus límites.éste es el motivo por el que no hay oposición entre razón y Misterio, entre razón y fe, porque ser verdaderamente racionales y razonables significa entender que la razón es soberana en su orden, pero que no lo es en otros órdenes".

***

"La ciencia moderna ha fracasado: ambicionaba darnos la verdad sobre la naturaleza; pero en cambio, nos ha alejado de ella".


Olivier Rey
Matemático y filósofo de la Ciencia francés
Profesor de filosofía en la Universidad de París
Autor de "Itinerario del extravío. Sobre el papel de la ciencia en la absurdidad contemporánea", 2003.



Una última anotación. Este libro de O. Rey salió a la luz, como apuntamos, en 2003. Pero no fue traducido al castellano hasta el año 2013... Por supuesto, a su obra no se le dio apenas publicidad. Es un disidente, un pez vivo que no nada a favor de la corriente. Alguien que proclama una verdad incómoda, y, por tanto, merece la hoguera.

Nuestros amigos ateos pueden estar tranquilos :-) No hay duda de que la gran maquinaria
está bien engrasada.


Ver también:

"No podemos dejar que Dios cruce la puerta"
La pregunta de Leibniz y los múltiples mapas de la realidad
Los dogmas de la Ciencia
La nueva concepción de la realidad y el fin del reduccionismo (I)
La nueva concepción de la realidad y el fin del reduccionismo (II)

Más información de interés en nuestra Bibliografía.


 

La maravillosa atracción del ateísmo. C. S. Lewis

la atraccion del ateismo

"Mi argumento contra Dios era que el universo me parecía muy cruel e injusto. Pero, ¿de dónde sacaba yo la idea de lo que es justo e injusto? ¿Con qué estoy comparando al universo para afirmar que no es justo? Un hombre no llama a una línea torcida a menos que sepa lo que es una línea recta. (Recordemos de nuevo a Jacques Monod y su "el bien y el mal no están escritos en ninguna parte" :-))

Imagínenme estando solo en Magdalen (Magdalen College, en la Universidad de Oxford donde impartía clases de lengua y literatura inglesa), noche tras noche, sintiendo, cada vez que mi mente se alejaba por unos segundos de mi trabajo, el lento venir de Aquel a quien yo honestamente había tratado de no conocer. Aquel a quien yo había temido finalmente me alcanzó. En 1929 admití que Dios era Dios... Aquella noche, yo era el converso más desanimado e indispuesto de toda Inglaterra... Entré en el cristianismo gritando y pataleando.

Nada odiaba tanto como que me dijeran lo que tenía que hacer.  (De ahí viene) la maravillosa atracción del ateísmo: satisfacía mi deseo de que me dejaran en paz".  


 Clive Staples Lewis (C. S. Lewis)
Medievalista, académico, escritor, ensayista y crítico literario inglés
Profesor de la Universidad de Oxford
Amigo personal de Tolkien, fue autor de populares novelas de ficción como "Las crónicas de Narnia"

 (Incisos en gris añadidos)
 

Ateo desde los quince años, C. S. Lewis comenzó a aceptar de nuevo la existencia de Dios a los treinta y uno, tras una larga y encarnizada lucha interior. No deseaba creer. Le atormentaba la idea de que Dios existiera.

Años después, sin embargo, en 1955, su fe redescubierta y ya madura le llevó a declararse pública y jubilosamente "cautivado por la alegría"

Poco importan bagajes, "precalentamientos" ni antecedentes ideológicos o culturales... Al parecer, nadie está a salvo del peligro de ser víctima de una emboscada "divina" ;-)


*** 


"Los ateos no lo son porque la ciencia les haya hecho negar la religión, son ateos por otras razones" 

Francisco J. Ayala
(Citando al paleontólogo estadounidense Stephen Jay Gould)
Ayala es un biólogo español, uno de los más ilustres representantes actuales del neodarwinismo.
Miembro, entre otras, de la Academia Nacional de las Ciencias de EEUU y la Academia Americana de las Artes y las Ciencias.





Ver también:

Epicuro y el ateísmo como consuelo  
Cinismo y ateísmo. La rigurosa impostura (I)
Cinismo y ateísmo. La rigurosa impostura (II)
Los medios ofrecen una imagen distorsionada del debate ciencia-fe
El ateísmo es el verdadero engaño. John Lennox
El ateísmo al servicio del Capital
André Frossard, otro ateo asaltado por Dios


También citamos a C. S. Lewis aquí y aquí.

Más información en nuestra bibliografía.



Si el autor de “Sorprendido por la alegría” se considera “el converso más reacio de toda Inglaterra”, es porque “nada odiaba tanto como que me dijeran lo que tenía que hacer”. Es de ahí, de donde viene “la maravillosa atracción del ateísmo: satisface mi deseo que me dejaran en paz”. El Dios de la Biblia es un entrometido.
Leer más: http://protestantedigital.com/blogs/38554/la_cuestion_de_dios_freud_vs_c_s_lewis?utm_content=buffer22031&utm_medium=social&utm_source=plus.google.com&utm_campaign=buffer
Si el autor de “Sorprendido por la alegría” se considera “el converso más reacio de toda Inglaterra”, es porque “nada odiaba tanto como que me dijeran lo que tenía que hacer”. Es de ahí, de donde viene “la maravillosa atracción del ateísmo: satisface mi deseo que me dejaran en paz”. El Dios de la Biblia es un entrometido
Leer más: http://protestantedigital.com/blogs/38554/la_cuestion_de_dios_freud_vs_c_s_lewis?utm_content=buffer22031&utm_medium=social&utm_source=plus.google.com&utm_campaign=buffer
Si el autor de “Sorprendido por la alegría” se considera “el converso más reacio de toda Inglaterra”, es porque “nada odiaba tanto como que me dijeran lo que tenía que hacer”. Es de ahí, de donde viene “la maravillosa atracción del ateísmo: satisface mi deseo que me dejaran en paz”. El Dios de la Biblia es un entrometido
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Si el autor de “Sorprendido por la alegría” se considera “el converso más reacio de toda Inglaterra”, es porque “nada odiaba tanto como que me dijeran lo que tenía que hacer”. Es de ahí, de donde viene “la maravillosa atracción del ateísmo: satisface mi deseo que me dejaran en paz”. El Dios de la Biblia es un entrometido
Leer más: http://protestantedigital.com/blogs/38554/la_cuestion_de_dios_freud_vs_c_s_lewis?utm_content=buffer22031&utm_medium=social&utm_source=plus.google.com&utm_campaign=buffer

Neurociencia: el optimismo del neófito. Juan Arana y Brigitte Falkenburg (el problema de la consciencia IV)

bombilla autoalimentandose


"La evolución del concepto de materia en los dos últimos siglos ha motivado que la mayoría de los entendidos renunciaran a 'naturalizar' la materia, mientras que el despegue de las neurociencias en la segunda mitad del siglo XX ha generado un clima de esperanza en la posibilidad de naturalizar la mente. Lo cual suscita una inocente -pero obligada- pregunta: si se es incapaz de naturalizar algo ¿cómo es posible naturalizar las más complejas estructuras desarrolladas a partir de ese 'algo'? Podríamos estar ante el entusiasmo propio del neófito, pues ya se sabe que los recién llegados tienden a ser ingenuamente optimistas. Como la neurociencia atraviesa todavía su etapa fundacional, los que la cultivan gustan de pensar que, aunque no seamos capaces de dilucidar lo que hay dentro de las piedras, sí somos o seremos capaces de averiguar qué se cuece en el interior del cráneo. Es como si alguien renunciara a desvelar los secretos de los individuos que forman una ciudad, pero se propusiera desentrañar hasta el último misterio de la comunidad que forman. No es una pretensión absurda, pero sí chocante.

Se podría alegar, por ejemplo, que la integración dentro de un colectivo hace que se pierdan muchos detalles por un efecto de compensación, de manera que no es extraño que las masas se comporten con menos sofisticación que cada uno de sus componentes. Podría ser, pero para que eso ocurra tiene que darse un efecto 'simplificador' en el proceso de agregación, el cual genera un 'ruido' termodinámico que diluye las idiosincrasias particulares. Por ejemplo, no hay teoría física que ahora o en un futuro previsible pueda predecir con exactitud el movimiento de un solo átomo, pero si este átomo está inserto en una red cristalina, sus vaivenes oscilarán en torno a una posición media de equilibrio. Exactamente lo mismo ocurre con el resto de átomos que forman la red, de manera que las 'peculiaridades' de cada uno de ellos carecen de importancia cuando consideramos la globalidad que forman. Las porciones macroscópicas del material resultante se comportan de forma cuasideterminista y adquieren propiedades mecánicas, térmicas, eléctricas, etc. invariables. Los neurólogos naturalistas defienden que algo parecido ocurre cuando una colección de átomos se juntan para formar el gelatinoso kilo y medio de material encefálico. 

¿De verdad es así?

En principio, entre un cerebro y una porción equivalente de calcita hay algo en común, y es que en ambos casos tenemos trozos altamente formalizados de materia. Pero también existe una clara diferencia: en el cristal la estructura es simple e igualatoria, mientras que en el encéfalo la estructura es complejísima y no potencia precisamente respuestas homogéneas ni comportamientos sometidos a las leyes de la termodimica, sino todo lo contrario.

Erwin Schrödinger fue uno de los primeros en llamar la atención sobre las consecuencias de esta elemental constatación, y por eso hablaba de la 'entropía negativa' como rasgo definitorio de lo biológico y de 'cristales aperiódicos' como descripción de los más pequeños fragmentos de cualquier material orgánico encargado de alguna función crucial en la economía de la vida. 

En realidad, glosar las complejidades de los vivientes ha sido un lugar común desde los albores de la biología, sobre todo desde que en el siglo XVII, Leeuwenhoek y Swammerdam aplicaron el microscopio a los estudios anatómicos. Todavía lo sigue siendo y parece ser que si el libro de récords Guinnes tuviese un apartado dedicado a lo más complejo de lo complejo, el premio mayor sería para el cerebro. No es una afirmación mía, sino fácilmente localizable en los escritos de los más destacados partidarios de la naturalización de la conciencia, como el premio Nobel Gerald Edelman o los neurofisiólogos Rodolfo Llinás y Elkhonon Golberg.

Si las cosas están así, ¿cómo es posible obviar el inconveniente? Lo más probable es que la dimensión 'complejidad' se considere aquí irrelevante por un razonamiento análogo al del ácido sulfúrico: también esta molécula es más compleja que cada uno de los átomos que la forman, pero eso no importa. Lo decisivo es que, al tener mayor tamaño que el electrón, le afecta menos la indeterminación de posición y momento y, al no subsistir más que a bajos niveles de energía, da igual que desconozcamos lo que ocurre en otros rangos energéticos. Es comprensible lo que se pretende concluir de aquí: el cerebro es claramente un objeto macroscópico, cuya existencia requiere una temperatura próxima a los 37º, de manera que poco tiene que decir al respecto la física de partículas. Destacados científicos y filósofos naturalistas así lo han aseverado. He aquí un texto muy representativo de William H. Calvin:


'Desde luego, la consciencia, en cualquiera de sus variadas connotaciones, no está localizada en el sótano de la química ni en el subsótano de la física. Este intento de pasar de un sólo salto del subsótano de la mecánica cuántica al ático de la consciencia es lo que yo llamo el Sueño del Conserje...'"


Juan Arana
Filósofo de la Ciencia y divulgador español
Catedrático de Filosofía en la Universidad de Sevilla
Extractos de "La conciencia inexplicada", 2015


la conciencia inexplicada




***


"El que afirme el determinismo neuronal y quiera argumentar con la investigación del cerebro la imposibilidad de la libertad humana tiene bastante que hacer. Se encuentra en la tradición del determinismo de Laplace y tiene que enfrentarse lo mismo a la tradición filosófica de Kant y Hume que a la física y al alcance limitado de las explicaciones mecanicistas de la conciencia. El determinista, que concibe la causalidad como estricta legalidad y quiere negar al hombre la libertad, se enfrenta en total a los siguientes problemas:

1. Perspectiva filosófica de la causalidad.

La asunción de un determinismo estrictamente legal, sin fisuras, en la naturaleza no se desprende de nuestra experiencia (Hume). Resulta ciertamente esencial para el conocimiento de la naturaleza, pero solo como una necesidad subjetiva de nuestra razón (Kant). Uno debería considerar mejor la causalidad como una estructura de condiciones necesarias y suficientes (Mill, Mackie) en la que no se habla de determinismo.

2. Perspectiva científica. 

Ni la física ni la investigación del cerebro justifican un determinismo estricto. La física enseña que los procesos deterministas estrictamente legales y los procesos dirigidos temporalmente, irreversibles, nunca se dan en los fenómenos naturales al mismo tiempo, sino de forma alterna. Y la investigación del cerebro solo puede, en tanto que no se refiera a la física, mostrar una red débil de condiciones necesarias, pero no suficientes para la consciencia y las operaciones cognitivas conscientes.

3. Estructura de los mecanismos neuronales. 

Ningún sistema biológico se desarrolla de manera estrictamente determinista. En los organismos operan las leyes de la termodinámica no lineal lejos del equilibrio. Los seres vivos poseen un metabolismo y se desarrollan en procesos irreversibles. ¿Y esto debería ser diferente en el caso del cerebro, que es nuestro órgano más complejo? Aquí el término ‘mecanismo’ es algo engañoso porque ningún mecanismo neuronal funciona de manera estrictamente determinista, ni siquiera una red neural artificial como el ordenador de cálculo en paralelo, que se construye siguiendo el modelo del cerebro.

4. Límites de la explicación mecanicista.

Las neuronas son parte de la red neuronal en el cerebro y componentes causales de la actividad cerebral, pero no hay que confundir la actividad cerebral física con los fenómenos mentales, con nuestros contenidos de la conciencia. Entre cerebro y consciencia no existe una relación del tipo parte-todo. Las neuronas no son componentes de la consciencia, sino del cerebro, y sus descargas son un proceso electroquímico, pero no una actividad causal que explique la conciencia.

5. Modelos y realidad.

En la actualidad no se conoce ningún mecanismo que pueda explicar ni remotamente cómo produce el cerebro nuestra conciencia. La analogía entre el procesamiento de la información en el ordenador y el cerebro no proporciona ninguna explicación, sino tan solo un modelo. Y aun cuando este modelo resulte tan útil actualmente para la investigación del cerebro, podría estar equivocado, es decir, no tener en cuenta la realidad en aspectos esenciales.

Todo esto habla en contra y no a favor de que el comportamiento humano se encuentre estrictamente determinado. Teniendo en cuenta las leyes de la física y la estructura de los mecanismos neuronales, un estricto determinismo resulta altamente especulativo. A su favor se encuentran como mucho las antiguas creencias metafísicas que tienen sus raíces en el pensamiento racionalista en la línea de Laplace. Es heroico aferrarse a ellas, pero ¿hay que hacerlo? ¿Y por qué habría de ser bueno? (¿Por qué? ¿Podría ser por esto?... ¿o quizás por esto otro? :-)). Hay muchas buenas razones para despedirse del determinismo estricto y, en lugar del mismo, reflexionar sobre el grado de libertad que la naturaleza permite al hombre.

¿Qué ocurre entonces con el principio de causalidad?

Si la concepción estrictamente determinista de la causalidad que se asume con gusto resulta insostenible, entonces la afirmación del cierre causal de la naturaleza tiene muy poco sentido... (Véase "Mitología materialista de la Ciencia" de F. J. Soler Gil para un estudio a fondo de este tema). Esto no obliga a abandonar el principio de causalidad y a abrir de par en par la puerta de la irracionalidad. Aquí uno puede seguir a Kant: el principio de causalidad no describe hechos inquebrantables en la naturaleza, sino que se trata de una norma racional para nuestro conocimiento. La ciencia de la naturaleza consiste en una búsqueda sistemática de las causas naturales de los fenómenos utilizando hipótesis de investigación. Es racional buscar en la investigación del cerebro las causas de los procesos y los trastornos cognitivos, para lo cual también sirve la analogía del ordenador, pero podría ser que estas causas no se correspondieran con la concepción convencional de la causalidad y que no se encontraran de un modo completo. Sin embargo, uno no los debería considerar modelos con un alcance ilimitado, como si constituyeran la totalidad de la realidad, ni las ciencias naturales como el único acceso a la misma.

Por tanto, en las ciencias naturales, inclusive la ciencia del cerebro, se sigue considerando que el hombre, como ser biológico, no se encuentra determinado de manera estricta, sino tan solo parcial. Y cómo se relaciona la actividad neuronal en el cerebro con la consciencia y con las decisiones conscientes sigue estando hoy tan poco claro como lo estaba hace más de cien años, cuando Santiago Ramón y Cajal descubrió las células nerviosas y obtuvo por ello el Premio Nobel. Pero con esto se resuelve el viejo dilema entre determinismo y libertad. Sin un estricto determinismo, podemos sustituir tranquilamente el 'o esto o lo otro' sin salida de las opciones entre determinismo y libertad por un 'y'. Estamos en parte determinados y somos en parte libres. Hasta ahora nadie ha afirmado que el hombre disponga de una libertad ilimitada. Nosotros nos encontramos determinados en muchos aspectos: por nuestra dotación genética, por nuestro entorno social y la educación, por las condiciones de vida naturales, y no en último lugar por los mecanismos neuronales en nuestro cerebro, que graban todo lo que aprendemos a lo largo de nuestra vida. Sin embargo, también disponemos de la consciencia como una instancia planificadora por medio de la cual podemos intervenir activamente en nuestro entorno y que podemos emplear también –según la teoría de la inteligencia emocional– para nuestro trato con nosotros mismos y nuestros sentimientos. 

Las neurociencias y la fenomenología filosófica son, por tanto, dos aproximaciones contrapuestas a la existencia humana que de ningún modo se contradicen, sino que se complementan mutuamente. Son complementarias la una de la otra y las dos tienen su justificación. Las neurociencias contribuyen a reconocer con más extensión que nunca el condicionamiento natural del hombre y la fenomenología busca que el hombre sea consciente de su libertad y que conozca mejor su ámbito de maniobra. Los problemas comienzan a surgir cuando una de las dos disciplinas se declara absoluta y niega a la otra su valor cognoscitivo".


Brigitte Falkenburg
Filósofa de la Ciencia, conferenciante, escritora alemana
Diplomada en física por la Universidad Técnica de Berlín
Experta en filosofía de la Física, es profesora en la Universidad Técnica de Dortmund


(Incisos en gris añadidos)
 

Agradecemos al profesor Manuel Alfonseca que nos hiciera llegar el artículo de B. Falkenburg del que hemos extraído los párrafos anteriores y recomendamos encarecidamente a los lectores que consulten las entradas que él mismo dedicó en su blog a este fascinante tema de la libertad y la consciencia
Pueden hacerlo si lo desean desde aquí y aquí


  ***



Tratemos de explicar todo este embrollo de un modo sencillo:

Los neurocientíficos materialistas, como los biólogos materialistas, están empeñados en demostrar que el ser humano sólo es un "robot húmedo", como diría nuestro querido Pseudópodo :-) En principio, es una deducción "razonable", pues, si ellos mismos han decidido que todo lo que existe es materia, sólo cabe concluir que el ser humano no es más que las piezas que lo componen. Ahora bien, esto significaría que el ser humano no es libre, pues un robot no lo es... Ni tiene consciencia de sí mismo. Pero a los neurocientíficos materialistas no les importa sacrificar el "pequeño" privilegio de la libertad humana a cambio de la gran satisfacción (?) de embutir en el diminuto zapatito del paradigma materialista vigente el enorme pie de la escurridiza e inabarcable realidad. Por esta razón, como la consciencia les molesta, se la quitan de encima proclamando que es simplemente un "residuo" de la actividad neuronal  al que no hay que conceder mayor importancia, y que el cerebro se comporta como "toda" la materia (como la materia que ellos conciben), o sea, de forma determinista. Si el cerebro funciona según leyes deterministas, es decir, si se comporta como una "máquina preprogramada", repetimos, no puede haber libertad, pues todo está de algún modo "prefijado" por las leyes naturales. De modo que todo el sistema penal, por ejemplo, sería un monumental error pues nadie estaría legitimado para pedir responsabilidades a alguien que está "programado" para cometer un delito.

¿Cuál es el otro problema que enfrentan los materialistas? Pues que los físicos sostienen que el universo (y el "robot" humano y todas las "piezas" que lo forman, son también parte del mismo), NO es determinista. ¿Y cuál es la solución de nuestros neurocientíficos para salvar este monumental escollo? Sostener que ese indeterminismo del universo no afecta al funcionamiento del cerebro, pues sólo se aplica, arguyen, al ámbito de lo "micro", de lo muy pequeño (átomos, electrones, etc.), no de lo "macro", lo grande, categoría ésta última en la que entraría nuestro cerebro.

Pero es que resulta, y esto es lo que sostiene el profesor Arana, que lo macro está hecho a partir de lo micro y, si a lo micro le afecta el indeterminismo, es de esperar que a lo macro también.  

Permítanme para terminar una broma zafia y simplona, pero ilustrativa: la sopa de ajo está hecha con ajo (por eso se llama así :-)). Si el ajo (micro) está rancio, esto afectará al sabor de la sopa (macro) y a toda su constitución... Y si no me creen, observen los gestos del pobre comensal al que toque saborearla.

No sé si lo hemos aclarado o no, pero no me negarán que nos hemos esforzado ;-)



Ver también:



El resto de nuestra serie sobre el problema de la consciencia:

Verghese y Falkengburg versus Daniel Dennett. El problema de la consciencia (I)
El "robot" de Daniel Dennett. El problema de la consciencia (II)
El ateísmo al servicio del Capital. El problema de la consciencia (III)


Pueden ver muchos de los títulos publicados hasta el momento sobre consciencia y libertad en nuestra bibliografía.


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