Este blog ha sido creado sin ánimo de lucro, no está adscrito a AdSense y no me reporta ningún tipo de beneficio económico o de cualquier otra índole. El único interés que me guía en este proyecto es la divulgación, el intento de llevar al gran público un aspecto del debate ciencia-fe que, considero, no es suficientemente conocido, pero que, no por esto, debe ser obviado si pretendemos construirnos un criterio global y objetivo sobre un tema de candente actualidad.


Todos los párrafos aquí reproducidos son propiedad intelectual única y exclusivamente de sus autores. Siempre que es posible se indicarán los títulos de los libros de donde fueron extraídos, así como el nombre y credenciales académicas de esos mismos autores. En algunos casos se proporciona al lector enlaces a librerías on line donde pueden adquirir sus obras. Al final del blog encontrarán una amplia bibliografía referente al debate ciencia-fe, donde se incluyen también todas las obras de divulgación consultadas en la progresiva elaboración del sitio.

Sólo los textos escritos en las entradas en caracteres grises son artículos de opinión de mi autoría. Si desean reproducir éstos en otros blogs o páginas web, indiquen, por favor, mi nombre o el lugar del que proceden. Gracias.

Bienvenidos :-)


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Seguimos en la caverna

sombras dios y la ciencia

"El mayor logro de la física del siglo XX no es la teoría de la relatividad y la fusión de espacio y tiempo que comporta, ni la teoría cuántica con su aparente negación de las leyes de la casualidad, ni la disección del átomo y el consiguiente descubrimiento de que las cosas no son como parecen: es el reconocimiento generalizado de que todavía no estamos en contacto con la realidad última. Seguimos estando prisioneros en la caverna, de espaldas a la luz, y sólo podemos contemplar las sombras contra el muro".

James Jeans
Físico, astrónomo y matemático inglés  
Célebre por sus contribuciones en el campo de la teoría cuántica, la teoría de la radiación y la evolución estelar
Fue profesor en Princeton y Cambridge
 
Autor de "Physics and Philosophy" (1943)


 Citamos a James Jeans también aquí.
Hacia el final de este post ofrecemos un enlace en el que pueden consultar una explicación sencilla del mito de la caverna de Platón.

 Antes del siglo XX, sin embargo, la opinión generalizada era que la "caverna" había sido dejada definifivamente atrás :-) Clic aquí.

 

El portero de Dios

roberto benigni

"Después del Juicio Universal, Dios se reúne con Carlos Marx: '¡Ah, eres tú el que me dio todas estas preocupaciones en el siglo XX! Ya que siempre has dicho que yo no existo, serás condenado a hacerme de portero. Y cuando no quiera que me molesten, estás autorizado a decir que Dios no existe, que Dios no está'".

Roberto Benigni
Actor, director y guionista italiano de cine y televisión
Conocido especialmente tras recibir dos Óscars en 1998 por su película "La vida es bella"

:-)


Hablamos también de Carlos Marx aquí.
 
 
 

Sheldrake deja en "evidencia" a Dawkins :-) (Parte I)

los monos de gibraltar


Quiero aclarar que, aunque este post haga referencia a la telepatía, no es éste un tema por el que una servidora sienta un especial interés. Ni por la telepatía ni por ningún otro de los llamados popularmente "fenómenos extraños". Lo último que deseo es que este blog se convierta en otro sitio -uno más- dedicado a sucesos "no explicados", dicho esto con todo el respeto para los aficionados a esos temas.

La razón por la que, después de pensarlo mucho, he decidido transcribir estos párrafos que siguen, es porque en ellos el doctor Rupert Sheldrake nos narra una sabrosa anécdota que ilustra a la perfección lo que venimos denunciando en este blog desde su inicio, a saber: que existe un amplio sector de la Ciencia que podríamos llamar "ultraconservador", inmovilista y profundamente dogmático, pero con un poder cuasi omnímodo sobre las instituciones y como generador de opinión pública. Que este sector se halla cerrilmente aferrado a unos rígidos cánones de actuación establecidos en la ya lejana época de la Ilustración, y no revisados desde entonces. Que estos cánones, estas "reglas del juego" inamovibles, ya deberían estar más que superados a estas alturas del siglo XXI, pues asfixian y amordazan lo que, en otro tiempo, fue la fecunda libertad y creatividad de la Ciencia.

Acusamos a Richard Dawkins de ser uno de los máximos impulsores actuales -en su extremo más hostil y agresivo- de este nuevo modo de oscurantismo.

Rupert Sheldrake es un reconocido bioquímico inglés, Research Fellow de la Royal Society y profesor de la Universidad de Cambridge. Sheldrake está actualmente sometido, en la red y fuera de ella, a una auténtica campaña de difamación (a un auténtico acoso y derribo, diría yo) precisamente por denunciar estos hechos que arriba indicamos y por desmarcarse y usar su libertad individual y el más estricto método científico para adentrarse en unos terrenos que la Ciencia ortodoxa no tolera. Por esta razón, antes de dar crédito a los libelos de la Wikipedia, les insto, sobre todo si son científicos, a que lean las obras de Sheldrake, analicen las EVIDENCIAS que en ellas expone y, a partir de estas evidencias, se construyan una opinión "personal", imparcial, no dirigida desde fuera por nadie que decida por ustedes lo que es real y lo que no lo es. Lo que deben creer y lo que no. Si no le permiten este tipo de abusos a las instituciones religiosas, no se lo permitan a nadie. Atrévanse a ser libres.


Les dejo con Sheldrake, les aseguro que la anécdota no tiene desperdicio:



"En 2006, el canal 4 de la televisión británica emitió una diatriba en dos partes de Richard Dawkins contra la religión, titulada The Root of All Evil? (¿La raíz de todos los males?) Poco después, la misma productora, IWC Media, me dijo que Dawkins quería visitarme para discutir mi investigación sobre capacidades no explicadas en seres humanos y animales en un nuevo programa de televisión. Yo era reacio a participar porque esperaba que sería tan parcial como el programa previo de Dawkins. Pero la representante de la productora, Rebecca Frankel, me aseguró que ahora eran más abiertos de mente. Me dijo: 'Tenemos interés en que sea un debate entre dos científicos, acerca de modalidades científicas de investigación'. Entendiendo que Dawkins estaba interesado en examinar las evidencias, y con el compromiso escrito de que el material se editaría imparcialmente, estuve de acuerdo y fijamos una fecha. 

Como estaba previsto, Dawkins acudió a la llamada. El director, Russell Barnes, nos pidió que nos sentáramos uno frente al otro; nos filmaron con cámara en mano. Dawkins empezó diciendo que creía que probablemente estaríamos de acuerdo en muchas cosas, 'pero lo que me preocupa de usted es que está dispuesto a creer casi cualquier cosa. La ciencia debería basarse en un mínimo número de creencias'. 

Estuve de acuerdo en que teníamos mucho en común, 'pero lo que me preocupa de usted es que da la impresión de ser dogmático, lo que da a la gente una mala impresión de la ciencia y la aleja de ella'.

Entonces Dawkins dijo que desde un espíritu romántico él mismo estaría dispuesto a creer en la telepatía, pero que no había evidencias de ella. Desdeñó así toda la investigación realizada sobre el asunto, sin entrar en detalles. Afirmó que si realmente ocurría, 'trastocaría las leyes de la física', y añadió: 'Las afirmaciones extraordinarias requieren evidencias extraordinarias' (Frase muy repetida por los nuevos ateos, atribuida a Carl Jung, quien, por cierto, era creyente).

'Depende de lo que consideres extraordinario -repliqué-. La mayoría de las personas afirmaron haber experimentado la telepatía... En ese sentido, la telepatía es ordinaria. La afirmación de que la mayoría se han engañado respecto a su propia experiencia es extraordinaria. ¿Dónde está la evidencia extraordinaria para esto?'. Dawkins no pudo aportar evidencia alguna, aparte de argumentos genéricos acerca de la fiabilidad del juicio humano. (Por lo visto el profesor Dawkins no es humano, puesto que considera su propio juicio infalible :-)). Dio por sentado que la gente quiere creer en lo 'paranormal' debido a ilusiones.

(Los escépticos suelen aducir que si alguna vez pensamos en alguien de quien inmediatamente recibimos una llamada de teléfono y nos parece que existe una correlación entre ambos hechos, es porque no prestamos atención todas las veces que pensamos en esa persona y no hay ninguna llamada. En otro punto del libro, Sheldrake sale al paso de estos argumentos: 'Indagué en la literatura científica para descubrir si estos argumentos estándar estaban apoyados por algunos datos u observaciones. No encontré investigación alguna al respecto. Los argumentos escépticos estándar eran especulaciones no apoyadas por evidencias. En ciencia no basta con avanzar una hipótesis: hay que verificarla'. Los adalides de la "evidencia", sin evidencias). Seguimos con su exposición de la anécdota con Dawkins:


A continuación estuvimos de acuerdo en que los experimentos controlados eran necesarios. Afirmé que esa era la razón por la que yo había realizado tales experimentos... La semana anterior había enviado a Dawkins copias de algunos de mis artículos en publicaciones científicas para que pudiera examinar los datos antes de nuestro encuentro. Sugerí que discutiéramos las evidencias. Pareció incómodo y dijo: 'No quiero discutir las evidencias'.

'¿Por qué?', pregunté.

'No hay tiempo' -replicó él-. 'Es demasiado complicado. Y este programa no va de eso'. La cámara dejó de filmar.

El director me confirmó que él tampoco estaba interesado en las evidencias, que la película que estaba haciendo era otra polémica de Dawkins contra las creencias irracionales. Dije: 'Si considera la telepatía como una creencia irracional, sin duda las evidencias de si existe o no son esenciales para el debate. Si la telepatía es cierta, no es irracional creer en ella. Creí que íbamos a hablar de eso. Dejé claro desde el principio que no me interesaba participar en otro ejercicio de desacreditación de bajo nivel'.

Dawkins replicó: 'Este no es una ejercicio de desacreditación de bajo nivel; es un ejercicio de desacreditación de alto nivel'.

Dije que me habían asegurado que sería un debate científico equilibrado acerca de las evidencias. Russell Barnes pidió ver los correos electrónicos que yo había recibido de su ayudante. Los leyó con obvia consternación, y dijo que las garantías que me habían dado no eran correctas (es decir, no le habían garantizado que pudiera exponer sus evidencias, al parecer sólo le llamaron para soportar estoicamente los ataques de Dawkins). En ese caso, dije, me visitaban bajo una falsa pretensión. El equipo recogió y se marchó. La serie, emitida en 2007, fue titulada Enemigos de la razón. (Le dijo la sartén al cazo :-))


Richard Dawkins siempre ha proclamado: 'Lo paranormal son tonterías. Quienes pretenden vendérnoslo son impostores y charlatanes' (Sheldrake, por tanto, queda dentro de este insulto general y tiene perfecto derecho a defenderse). Se pretendía que Enemigos de la razón popularizara esta creencia. Pero ¿su cruzada promociona realmente la Comprensión Pública de la Ciencia, que él enseña en Oxford? ¿Tiene que ser la ciencia un sistema fundamentalista de creencias? ¿O debería basarse en una investigación de lo desconocido con mente abierta?

En ningún campo del esfuerzo científico las personas, por otra parte inteligentes, se sienten tan libres de realizar afirmaciones públicas basadas en prejuicios e ignorancia. Nadie denunciaría la investigación en química, digamos, sin saber nada del tema. Sin embargo, en relación a los fenómenos psíquicos, los materialistas acérrimos se sienten libres para desdeñar la evidencia y comportarse irracionalmente y con escaso espíritu científico mientras pretenden hablar en nombre de la ciencia y la razón. Abusan de la autoridad de la ciencia y llevan el racionalismo al desprestigio".


(Apuntes en gris añadidos)


Rupert Sheldrake
Bioquímico británico
Universidad de Cambridge
Extractos de "El espejismo de la Ciencia", 2012


En el mismo capítulo, Sheldrake narra una situación parecida, en este caso tristemente protagonizada por el insigne biólogo Lewis Wolpert. En esta ocasión se trataba de un debate organizado por la Royal Society, cada participante disponía de treinta minutos para exponer sus respectivas posturas. Wolpert se limitó a afirmar contundentemente que "no hay evidencia alguna que respalde la idea de que los pensamientos pueden transmitirse de una persona a otra..."  a excepción de los medios físicos habituales. Cuando le tocó el turno a Sheldrake, resumió las evidencias de telepatía en miles de pruebas científicas y mostró un vídeo de experimentos recientes... Wolpert no se giró para ver el vídeo. Se mantuvo de espaldas a la proyección durante la media hora que duró ésta, dando golpecitos con un lápiz sobre su mesa.

Evidentemente, si no miras, no verás, que es exactamente lo que Dawkins y Wolpert deseaban: no ver. La estrategia de los monos de Gibraltar, sólo que estos "monos", no miran ni escuchan, pero sí hablan, y mucho, aunque sólo sea para difamar, desvirtuar, deslegitimar y encauzar el río de la opinión pública en la dirección exacta que les conviene.



Ya me conocen ustedes y saben que me gusta resumir en diálogos cortos los debates largos :-)


Científico nº1:  ¿Por qué no cree usted en la telepatía?
Científico nº2:  Porque la Ciencia dice que no existe.
Científico nº1:  ¿Y por qué dice la Ciencia que no existe?
Científico nº2:  Porque no hay evidencias, sin evidencias no hay telepatía.
Científico nº1:  Yo tengo evidencias.
Científico nº2:  No me interesan.
Científico nº1:  Si no analiza las evidencias, ¿cómo está tan seguro de que la telepatía no existe?
Científico nº2:  Porque lo dice la Ciencia.




Como dijo alguien, esto más que un debate, es un tiovivo. Por supuesto, el "científico nº1" será inmediatamente tildado de "pseudocientífico" y sometido a todo tipo de escarnio público y privado por atreverse a respirar fuera del bozal.


****


Repito, si he transcrito estas dos anécdotas, no es porque yo tenga el menor interés en la telepatía, pero sí tengo un vivo interés en rendir "evidencias" que apoyan mi tesis de que un sector de la Ciencia es obcecadamente inmovilista, dogmático, restrictivo, oscurantista y muy, muy estrecho de miras, algo que no puede menos que ser un grave obstáculo para el buen progreso del conocimiento humano.



***

 "Todo se desarrolla como si los científicos hubieran instaurado unas fronteras arbitrarias para impedir la entrada a unas maneras de pensar y de actuar diferentes de las suyas.

Los mejores científicos descartan los resultados desfavorables como aberraciones que hacen desaparecer de los informes oficiales y transforman a veces experiencias equívocas en resultados decisivos o modifican el orden en el que las experiencias han sido realizadas, etcétera, y que todos se doblegan a las estrategias retóricas comunes que se imponen en el paso de los apuntes privados de laboratorio a las publicaciones.
 
Da la impresión de que la imaginación, la pasión y el arte no han desempeñado ningún papel y que la innovación no procede de la actividad apasional, de unas manos y de unas mentes profundamente implicadas, sino de la sumisión pasiva a los preceptos estériles del supuesto “método científico”. Este efecto de empobrecimiento conduce a ratificar una visión empirista o inductivista, a la vez anticuada e ingenua, de la práctica de la investigación.

Una gran innovación científica puede destruir infinidad de investigaciones y, de paso, de investigadores, a pesar de no tener la menor intención de perjudicar a nadie... Se entiende que las innovaciones no sean bien acogidas, que susciten resistencias formidables, que pueden recurrir incluso a la difamación, muy eficaz contra un capital que, como cualquier capital simbólico, es fama, reputación, etcétera".


Pierre Bourdieu
 Eminente sociólogo, escritor e intelectual francés
Extractos de "El oficio de científico", 2001




Guía práctica para desacreditar estudios alternativos. Daniel Drasin en Erraticario. No se pierdan este excelente artículo.

Todas las entradas sobre el cientifismo, aquí.




El universo está adaptado al hombre

hombre y universo

“No es únicamente que el hombre esté adaptado al universo. El universo está adaptado al hombre. Imagina un universo en el cual una u otra de las constantes físicas fundamentales sin dimensiones se alterase en un pequeño porcentaje en uno u otro sentido. En tal universo el hombre nunca hubiera existido. Este es el punto central del principio antrópico. Según este principio, en el centro de toda la maquinaria y diseño del mundo subyace un factor dador-de-vida”.


John Archibald Wheeler 
Físico teórico estadounidense
Doctor por la  Universidad Johns Hopkins
Hizo importantes aportaciones al estudio de la física de partículas



También hablamos del principio antrópico aquí, aquí y aquí, entre otros posts.


¿Estamos asistiendo a un cambio de paradigma?

cambio de paradigma


¿Letras o ciencias?

Axioma: Las ciencias se escriben con letras.
Teorema: Las ciencias nacen de las letras.
Demostración: La ciencia moderna se concibe en las entrañas de la filosofía occidental. De hecho, en su inocente juventud conservaba el ilustre nombre de familia y se hacía llamar filosofía natural. La gran obra de Newton no versa sobre física, sino sobre philosophia naturalis. En inglés la palabra scientist no aparece hasta 1840, cuando Darwin ya tenía barba. Un cuarto de siglo después, Faraday (que creó el concepto de campos y líneas de fuerza, y que de paso inventó el motor eléctrico y la dinamo) todavía detestaba que le llamaran con el terrible neologismo científico: él era un buen filósofo natural como los de siempre.

Corolario: Platón+Descartes= Newton + x. (Fórmula demasiado simplificadora, como todas).



En el principio era la metáfora

 
Una de las sorprendentes conclusiones de la ciencia cognitiva (área interdisciplinar en la que confluyen neurobiología, linguística y psicología cognitiva) es que nuestros conceptos abstractos se basan mayormente en metáforas
(para un estudio pormenorizado de este tema aconsejamos la lectura de "Ciencia y religión", del físico alemán Hans-Peter Dürr).  Y la ciencia no es excepción. Véase la metáfora (cartesiana y bíblica) de un Dios legislador que decreta leyes universales. Ni en Grecia ni en la China clásicas, ni siquiera en Copérnico o Galileo, hay tales leyes de la naturaleza (hay simetrías y armonías, principios y proporciones; no leyes). Otra metáfora que subyace a la ciencia moderna es que el mundo es una máquina. Y nosotros también (aunque las máquinas sean inventos de nuestra mente). Ya Descartes dudaba de si lo que veía en la calle eran personas de verdad o autómatas con abrigos y sombreros. Hoy el delantero centro del equipo de Brockman, el biólogo Richard Dawkins, declara: "Cada uno de nosotros es una máquina, como un avión sólo que mucho más complicado" (The blind watchmaker, 'El relojero ciego'). Supongo que el sentir que uno es como una máquina o un avión no está descrito en el DSM-IV (catálogo oficial de trastornos psiquiátricos), pero parece grave. La interioridad humana no es como el interior de los aviones, como saben los poetas, los enamorados, los niños y el sentido común.

 

Ni necias ni iletradas


Hasta no hace mucho, letras y ciencias iban de la mano. Pero el saber creció y multiplicóse y se abrió la grieta entre humanismo y ciencia. La ciencia empezó a triunfar (y a ser cortejada por militares y multinacionales), mientras las humanidades perdían facultades y se retiraban al asilo del ensimismamiento. Pero el humanismo que da la espalda a la ciencia se vuelve necio (literalmente: sin ciencia) y la ciencia empobrece su perspectiva al quedarse iletrada (privada del saber literario).

En esto aparece John Brockman, que viene del arte pop y tiene un olfato increíble para detectar ideas con futuro. Enfundado en su sombrero, camina por la Fifth Avenue móvil en mano, tejiendo redes de diálogo y debate entre científicos que son, además, buenos comunicadores. La tercera cultura de Brockman agrupa a estos científicos "y otros pensadores del mundo empírico". Loable iniciativa. Pero cuidado con lo de limitar el pensamiento al mundo empírico. Ello excluye de un plumazo la intuición y el saber poético y literario. ¿Quiere Brockman, como Platón, expulsar a los poetas de su república?

¿Es la ciencia puramente empírica? Puro mito. La ciencia moderna, con razón o sin ella, sólo considera verdaderamente real lo que es reducible a números, fórmulas y otras ideas puras. (¿Se nota ahí la sombra de Platón?) Por ejemplo, para la ciencia los colores en el fondo no existen: existen longitudes de onda de tantos o cuantos nanómetros. Y así se deslegitima la mayor parte de nuestra experiencia directa (Nietzsche ya vio la sutil conexión entre ciencia y nihilismo). Por suerte, las relaciones humanas, la buena literatura y el buen arte nos devuelven el mundo en el que los colores, sonidos y sabores son reales.

Sin las humanidades seríamos menos humanos (y podríamos acabar confundiéndonos con un avión, como en el, digamos, síndrome de Dawkins).



Sorpresas en las nubes


Lord Kelvin, uno de los científicos más prestigiosos de su tiempo, aconsejaba a los jóvenes con talento que no se dedicaran a la física, pues todo estaba prácticamente descubierto. En su discurso 'Dos nubes' (1900), Kelvin señaló dos pequeños problemas pendientes relacionados con la naturaleza de la luz. El primero sería resuelto por la teoría de la relatividad; el segundo, por la mecánica cuántica. Pero ambas teorías, lejos de completar el edificio de la física clásica, abrieron una brecha irreparable en sus cimientos.

Verano de 2005. La prestigiosa revista Science conmemora su 125 aniversario señalando 125 grandes interrogantes que hoy penden sobre la ciencia (lista que dista de ser exhaustiva -eligieron ese número para que coincidiera con el número de su aniversario, los "misterios por resolver" son muchos más-). Unos 25 interrogantes son del ámbito de la física. A saber: que relatividad y mecánica cuántica son incompatibles (¡si Kelvin levantara la cabeza!). Que nada sabemos de cómo funciona la gravedad (para Dante y Joanot Martorell el amor "move il sole e l´altre stelle", "mou los cels"; nosotros creemos en la más prosaica y legislable gravedad, pero sabemos de ella no más que los poetas saben del amor). Que no entendemos ni un 5% de la composición del universo (el resto son materia y energía oscuras, opacas a nuestro entendimiento). Etcétera. Tampoco entendemos más de un 3% del genoma humano, pese a los anuncios de que ya se ha descifrado. Sí, la ciencia funciona. Sobre todo a nivel de grandes titulares y resúmenes populares. La letra pequeña de cada disciplina científica está llena de interrogantes. Como en todo lo humano, la ciencia necesita humildad. Humano y humildad son palabras relacionadas con el latín humus: suelo fértil, que ahogamos bajo el asfalto de las abstracciones. El homo sapiens es humus que sabe y saborea.



Ciencia con consciencia


La energía y materia oscuras, como otros parches matemáticos con los que cubrimos lo que no encaja, traen a la memoria los poco elegantes ecuantes de la astronomía tardomedieval, que intentaba apuntalar su ya frágil edificio de epiciclos. Tal vez la ciencia está no menos en crisis que otras instituciones de nuestro tiempo. Tal vez, como en la astronomía tardomedieval, los interrogantes se multiplican porque estamos en medio de un gran cambio de paradigma. No se puede predecir qué rumbo tomará una posible nueva ciencia. Pero indicios no faltan. Dos grandes físicos del siglo XX, Schrödinger y Wigner, sugirieron que el fundamento de la realidad no es la materia y la energía, sino la percepción y la consciencia. No es ociosa especulación: hay experimentos contemporáneos en mecánica cuántica (como el delayed choice de Wheeler) que no pueden explicarse de otro modo. Tal vez el mundo responda mejor si le hablamos en segunda persona. Aquí no sobran las experiencias acumuladas por las literaturas, artes y filosofías. Unas humanidades liberadas de sus torres de marfil y unas ciencias liberadas de la arrogancia reduccionista tendrán mucho por compartir y co-crear, en un mundo que para nada parecerá ya una máquina.



Jordi Pigem
Filósofo de la Ciencia y escritor
Doctor en Filosofía por la Universidad de Barcelona



Todas las entradas sobre Richard Dawkins, aquí.

Otro post relacionado, aquí.
Sobre los dogmas cientifistas, aquí.
Todo sobre el cientifismo,clic aquí.


Busca la trascendencia

paleontologia

"No creo en Dios pero creo en la trascendencia, en no conformarse con el día a día. Trabajamos toda la semana como cabrones para ir al Pryca el sábado. Hay que tener otros ideales, buscar algo más, hasta la divinidad, todo lo lejos que puedas". 

Luis Arsuaga 
Paleontólogo español
Catedrático de Paleontología en la Facultad de Ciencias Geológicas de la Universidad Complutense de Madrid




El espejismo de Dawkins. Javier Montserrat

planetas

"El biólogo Richard Dawkins, en su obra El espejismo de Dios, funda su crítica de lo religioso en la consideración de que el dawnismo elimina toda racionalidad de la creencia en Dios. Otro gran biólogo contemporáneo, Michael Ruse*, considera que darwinismo y cristianismo son compatibles.

En su libro “¿Puede un darwinista ser cristiano?” (donde responde afirmativamente) Ruse nos ofrece la siguiente caracterización del radicalismo de Dawkins (del que disiente por completo):

“Es un hombre que se toma en serio su ateísmo, tanto que, en contraste, el gran filósofo escocés del siglo XVIII, David Hume (que fuera descrito memorablemente como 'el mayor regalo de Dios a los infieles'), parece moderado”.

Richard Dawkins es titular de la Cátedra Charles Simonyi para el “Conocimiento Público de la Ciencia”, en la universidad de Oxford. Estudia zoología en el mismo Oxford y, tras acceder a la vida académica, comienza pronto a destacar en el marco de la biología evolutiva.

Su aportación fundamental ha consistido en contribuir a interpretar teóricamente el papel de los genes en la selección evolutiva, procediendo a una lectura, digamos, “genética” del darwinismo tradicional. Estas ideas pueden seguirse a través de dos libros de referencia: The Selfish Gene ("El gen egoísta") (1976) y The Extended Phenotype (1982).

Para Dawkins, el mecanismo genético-evolutivo es interactivo con el medio, ya que el mismo medio son “genes”. Entre otras cosas introdujo por primera vez el concepto de “meme” y, por tanto, lo que hoy se entiende por 'memética'. 

Aparte de sus contribuciones a la biología teórica, Dawkins ha alcanzado sobre todo notoriedad por su trabajo como divulgador científico del darwinismo y, todavía más, como crítico de la religión.

Aunque su crítica a lo religioso está omnipresente, podemos destacar obras divulgativas como 'El relojero ciego', 'Escalando el monte improbable', 'Destejiendo el arco iris' y 'El capellán del Diablo'. Aquí no pretendemos analizar y valorar su obra científica. Sólo nos referimos a su crítica de la religión, y limitándonos además a 'The God Delusión' (por otra parte la última obra y la más complexiva).

Además, vamos a centrarnos principalmente en los argumentos científicos, aunque sin ignorar otro tipo de valoraciones de carácter humanístico, sociológico o existencial. Dawkins pretende hacer “ciencia”, pero sólo hace en realidad “filosofía” mezclada con todo un muestrario de valoraciones sociales subjetivas y un anecdotario pintoresco. 



¿Desde dónde valorar a Dawkins?

Pensamos que estas observaciones son importantes:

1) El cristianismo tiene una larga historia. La forma, pues, de argumentar la racionalidad (sentido o significación) del comportamiento religioso ha variado también en la historia. Por ejemplo: en el tomismo (las célebres “cinco vías”). Además, han aparecido diferentes formas de pensar: así, no es lo mismo el mundo católico que la teología evangélica (que llevaría a la versión moderna de Karl Barth*, por ejemplo). Podemos hablar, por tanto, de un “cristianismo antiguo” cuyos razonamientos, es verdad, mantienen todavía hoy grupos conservadores.

Pero, junto a éste, hay hoy un “cristianismo crítico” que está formado por pensadores católicos, evangélicos, anglicanos, etc., que tratan de replantearse con seriedad el sentido de las creencias religiosas desde la imagen del universo, de la vida y del hombre en la ciencia. Pues bien, Dawkins sólo se refiere a ese “cristianismo antiguo”, e incluso presenta una caricatura de sus enfoques.

En otras palabras, ignora completamente (no expone, no pondera, no discute) los argumentos de ese “cristianismo crítico” al que debería referirse si realmente intenta discutir la religiosidad desde la actualidad. Aunque cita algunos autores de ese “cristianismo crítico”, de forma más bien “retórica” (quizá para que no se diga que no se citan), la impresión que produce es que ignora casi enteramente su mundo de argumentos y reflexiones. (Ya denunciamos esto mismo aquí).


Pongamos un ejemplo. Si nos planteamos hoy la pregunta ¿es la filosofía marxista defendible ante los resultados de la ciencia en la actualidad?, no es lo apropiado ir a los argumentos construidos en tiempos de Marx –Engels (mitad del XIX) y confrontarlos con la ciencia actual. Lo correcto es ir a los autores marxistas actuales que han reformulado el marxismo a la luz de la ciencia moderna y discutir esa interpretación. Valorar la racionalidad de la religión hoy exige discutir con los autores “en punta” de la actualidad; no basta discutir con una caricatura simplificada del pasado que nosotros mismos (aquí Dawkins) creamos.

2) Para los autores de ese cristianismo crítico es hoy común admitir que el universo es, en último término, un enigma que no ha sido descifrado todavía de forma final y segura. No se niega que una respuesta pueda ser el ateísmo. Se respetan sus argumentos, su honestidad personal y, obviamente, su derecho a exponer sus opiniones e intentar convencer a otros en el marco del diálogo abierto en una sociedad libre. El ateísmo es una opción libre racionalmente posible; esto no se discute.

Pero el cristianismo crítico piensa que ese universo enigmático podría también entenderse por referencia a la hipótesis de una Divinidad, fundamento del ser y creadora. Y para ello presenta sus argumentos, consciente de que son “filosofía” y de que deben ser entendidos en el marco de restricciones de la epitsemología moderna, popperiana y postpopperiana. Lo que el cristianismo crítico pide al ateísmo es tan simple como esto: que el ateísmo respete la valoración racional libre del teísmo (ante un universo enigmático) de la misma manera que el teísmo respeta racional y moralmente al ateísmo (y por ende al agnosticismo). 



Cristianismo crítico, evolución, darwinismo

3) El cristianismo crítico admite hoy, sin ninguna reserva, que la evolución del universo, de la vida y del hombre, es resultado de un proceso unitario en el que unos estados surgen de los anteriores. La explicación de este “proceso unitario y continuo” es diversa, pero confluyente: la ontología inicial de la materia (cabe observar que Dawkins ignora completamente las discusiones actuales en torno a las causas físicas de la sensibilidad-conciencia, así como propuestas como la hipótesis Hameroff-Penrose, autores que no son ni siquiera mencionados), el darwinismo (clásico, bioquímico moderno o genético: o sea, en cualquiera de sus versiones, siempre que éstas sean conceptualmente conciliables entre sí), los principios de autoorganización de la materia y de los organismos en la línea de Stuart Kauffman (al que, por cierto, Dawkins tampoco menciona), etc.

Por tanto: las ideas de autores como Demski o Behe que han contribuido a promocionar la defensa de un “intelligent design” -Diseño Inteligente- (con especial eco en el fundamentalismo y creacionismo americano) no tienen nada que ver con el cristianismo crítico. Este ha evitado todo lo que pueda ser referencia a un “Dios-tapa-agujeros” (que tiene que intervenir en el proceso evolutivo para conseguir, por ejemplo, que el sistema inmunológico o el ojo humano lleguen a funcionar).

4) Esto quiere decir que para el cristianismo crítico se tiene una idea muy clara de la autonomía del proceso cósmico: o sea, que éste se explica por sí mismo. Esto no quiere decir que el teísmo no argumente que puede descubrirse una racionalidad cósmica, un diseño cósmico global que conduce al hombre. Es la racionalidad del diseño de un cosmos autónomo en que el proceso conduce a la libertad humana. La idea del principio antrópico cristiano de Ellis (anticipada por otros autores) es la lectura e interpretación teísta de cómo un cosmos autónomo se relaciona con un Dios oculto y la libertad humana.

En esta misma línea, otro autor, Philip Hefner, ha conciliado la autonomía del cosmos con el diseño creador de Dios hablando del hombre como “co-creador creado”. En este sentido el cosmos sería también “co-creador de sí mismo” (autónomo). Estos autores son ignorados por Dawkins y sus ideas desconocidas. Sus enfoques, sin embargo, a nuestro entender, deberían haber sido discutidos (no sólo las ideas medievales de Dios), si se hubiera abordado una discusión seria de la religión desde la racionalidad moderna. 



Los argumentos de Dawkins: el darwinismo

El capítulo tercero de The God Delusion trata de exponer los argumentos a favor de la existencia de Dios. En primer lugar se refiere a las pruebas de Santo Tomás (las cinco vías), después al argumento de San Anselmo, al argumento de la belleza, de la experiencia de Dios (a lo que se refiere Dawkins es a quienes pretenden haber tenido “visiones” o “apariciones” de Dios), al argumento de las escrituras (Dios existe porque se puede deducir de las Escrituras, sic), y a algunas otras cuestiones.

Todo es una síntesis simple y caricaturesca del “cristianismo antiguo”, sin ninguna referencia seria a lo que antes hemos llamado “cristianismo crítico”. La verdad es que sería una pérdida de tiempo, a nuestro entender, presentar y discutir esta caricatura de Dawkins. Es mejor que veamos directamente sus argumentos positivos sobre la no existencia de Dios.

El capítulo cuarto se titula: “Por qué es casi seguro que no hay Dios”. El primer argumento parte de la biología (especialidad de Dawkins). Es claro que el supuesto de Dawkins es éste: los teístas consideran que su “gran argumento” a favor de Dios es la complejidad del mundo biológico. Esta complejidad no se puede explicar sin un diseñador creador. El símil que usa es el Boeing 747: su enorme complejidad hace imposible explicarlo al azar y de ahí que el teísta postule un diseñador constructor.

Frente a esto, Dawkins expone cómo el darwinismo ha propuesto una teoría que explica perfectamente cómo ha podido surgir la complejidad: un gran número de eventos, pequeños cambios, o mutaciones genéticas, avance y nuevos pequeños pasos. El monte de la complejidad se sube poco a poco, de una forma progresiva y plausible. Por tanto, si la complejidad se explica por el darwinismo, entonces no es necesario recurrir a Dios. Dios no existe, es una hipótesis explicativa innecesaria. El mundo biológico está ahí y se explica por sí mismo.

Este argumento se lee con perplejidad por el teísmo crítico moderno, ya que éste asume enteramente el darwinismo y la autonomía funcional del proceso evolutivo (recordemos el mencionado libro de Michael Ruse). Dawkins, en cambio, ignorándolo, sólo parece pensar en lo que le interesa: crear un enemigo ficticio (el “Dios-tapa-agujeros”, el cristianismo antiguo, el creacionismo fundamentalista, quizá Behe y Demski) y dedicarse a combatirlo. La perplejidad surge de la seguridad, aplomo y triunfalismo con que Dawkins es capaz de exponer esta argumentación tan ignorante del cristianismo crítico actual.



Darwinismo cosmológico

Dawkins advierte, evidentemente, que para “demostrar” que no hay Dios no basta con la biología (Dawkins conoce los argumentos de los defensores del “principio antrópico”). Hay que fundar la biología en el universo, cuya evolución y propiedades deben explicarse también de forma natural sin Dios. Para ello, amplía su pensamiento hacia un, digamos, darwinismo cosmológico.

De la misma manera que hay multitud de eventos biológicos, también hay multitud de planetas e infinitos universos: por azar estamos dentro del planeta y del universo que nos ha hecho posibles. Así, Dawkins se refiere a billones de planetas dentro de nuestro universo y a “infinitos” multiuniversos, apoyándose en las ideas de Martin Rees y el modelo darwiniano de multiuniversos de Lee Smolin. No menciona, sin embargo, en todo el libro, la teoría de cuerdas que le podría haber ayudado en su intento de hacer verosímiles los multiuniversos.

La consecuencia es evidente para Dawkins: también el darwinismo cosmológico hace innecesaria la hipótesis de Dios, por tanto no hay Dios. Sin embargo, Dawkins pasa por alto el hecho decisivo de que la teoría de multiuniversos, y la misma teoría de cuerdas, son una pura especulación teórica, sin ninguna evidencia empírica o experimental a su favor. (Todas las entradas en este blog sobre la teoría del multiverso, aquí).


La idea del universo fundada en los hechos empíricos es lo que se conoce hoy como “modelo cosmológico estándar” (MCE) que describe un universo nacido en un big bang singular que probablemente acabará muriendo térmicamente en un lejano futuro de expansión indefinida (el MCE es admitido por la casi totalidad de los científicos, pero es discutido por minorías que siguen el universo estacionario de Hoyle, los quasars de Arp, o el universo de plasma).

Además, autores relevantes del teísmo crítico cristiano, como George Ellis y William Stoeger, defienden la teoría de los multiuniversos (lo mismo que otros muchos defienden la teoría de cuerdas). Para ellos, que Dios hubiera querido crear a través de los multiuniversos formaría parte del diseño creador de un cosmos “co-creador” de sí mismo, de un proceso autónomo orientado al ocultamiento de Dios y a la libertad. Todo esto también lo ignora Richard Dawkins. 



Ateísmo y teísmo

Insistimos en que el teísmo crítico considera que el ateísmo no sólo es viable, sino también honesto. Aún a pesar del desequilibrio del MCE, podría pensarse que los multiuniversos y la teoría de cuerdas abren horizontes teóricos para hipotetizar un universo eterno y autosuficiente que ha producido la vida por mecanismos internos (darwinismo). Este ateísmo es hipotético, filosófico, e incluso metafísico. Pero es legítimo y honesto, como vemos en la sociedad.

Lo que pasa es que el mismo universo es muy complicado y otros pueden construir una hipótesis alternativa: la hipótesis teísta, cuya viabilidad está también socialmente fuera de dudas. Para éstos, el universo del MCE es a todas luces de difícil autosuficiencia para una consideración filosófica o metafísica. Por otra parte, el proceso evolutivo autónomo del universo (que podría incluir los multiuniversos) presenta todo él en su conjunto una razón de diseño (no nos referimos al “Dios-tapa-agujeros” de Dawkins) que haría verosímil la hipótesis de que todo se explicara desde el fundamento de un ser divino creador y diseñador de la libertad humana.

En un universo enigmático metafísicamente (recordemos los principios críticos, no dogmáticos e hipotéticos, de la moderna epistemología de la ciencia) son viables ambas hipótesis, ateísmo y teísmo, como la sociología muestra. Situarse en una u otro es resultado de la capacidad de valoración racional, libre y honesta, de cada ser humano.



Probabilidades y tribunal de apelación

Richard Dawkins se esfuerza también en analizar la probabilidad de ambas hipótesis, la ateísta y la teísta. Argumenta que la probabilidad del ateísmo es casi absoluta. Por eso titula el capítulo cuarto, como decíamos, “Por qué es casi seguro que no hay Dios”. Intenta mostrar que su interpretación teísta es la más probable si nos atenemos a la objetividad y evidencia científica, casi con una probabilidad absoluta. El teísmo, en cambio, apenas tiene probabilidad de ser cierto.

Intenta, pues, mostrar que la “objetividad científica”, la “ciencia”, siempre están de parte del ateísmo. Pero, en realidad, ateísmo y teísmo no son ciencia, sino filosofía (aunque, por descontado, fundada en reflexiones basadas en la ciencia). Sin embargo, Dawkins no se da cuenta de que las valoraciones de “objetividad” y “probabilidad” son “suyas” (o de los ateos en general). Es lógico que el ateo piense que es mucho más probable el ateísmo y lo vea “clarísimo”; por eso es ateo. Sin embargo, el teísta hace una valoración personal, honesta y libre, distinta, pensando que es más verosímil el teísmo y por esto se inclina hacia él. Y, por su parte, también lo ve “clarísimo”.

¿Existe algo así como un “tribunal de apelación” que sentenciara quién es más objetivo y probable? Pues la verdad es que no lo conocemos. La ingenuidad de Dawkins es considerable al fundarse en sus propios análisis para convertirse en tribunal de apelación y sentenciar dogmáticamente a favor del ateísmo. Parece proceder al margen de las reflexiones más elementales de la moderna epistemología de la ciencia. 



Sociología de ateísmo y teísmo

Dawkins se hace eco del argumento teísta de que grandes científicos han sido creyentes. Obviamente trata de argumentar lo contrario. Sin matices, por ejemplo, argumenta que Einstein era ateo, en contra de la matizada ponderación de su religiosidad, tal como hacen normalmente los grandes estudiosos del tema. Se refiere a la encuesta entre científicos de la Academia Nacional de Ciencias en la que sólo el 7% se declaran creyentes.

Los más inteligentes son, pues, ateos. A otra encuesta más amplia entre científicos, también de Nature, en la que el 40% eran creyentes, el 40% no creyentes y el resto abstención, se refiere con desprecio porque, claro está, se trata ya de científicos más tontos.  :-D


Encabeza su análisis con una cita de Bertrand Russell: “La inmensa mayoría de los hombres eminentes intelelectualmente no creen en la religión cristiana, pero ocultan este hecho en público, quizá porque temen perder sus ingresos” (sic). (En este blog citamos a Russell aquí y aquí). En este marco programático se refiere ya en concreto a su amigo Martin Reed para contar conversaciones “privadas” (suponemos que con su autorización) en que éste le decía que iba a los servicios religiosos sólo por ser algo tradicional. De Freeman Dyson nos dice también que en el fondo es ateo, pero que para recibir el dinero del premio Templeton ha representado un papel acomodaticio (o sea, que se ha dejado comprar indignamente, sic).

A la misma Templeton Foundation (que tiene todo el derecho a dedicar su capital a los fines que libremente considere) la acusa repetidamente de comprar voluntades deshonestamente, construyendo así un montaje que constituye un verdadero fraude social. (En este post hablamos sobre las acusaciones de Dawkins hacia Paul Davies). No digamos ya del resto del género humano no científico: humanistas, historiadores, economistas, políticos, todo tipo de profesionales, muchos de gran prestigio, y al resto de la humanidad, en su inmensa mayoría religiosa. Todos son, individuos e instituciones, indignos hasta dejarse comprar, infantiles intelectualmente, ignorantes, dominados por comportamientos meméticos y dignos de desprecio. Pero, en el fondo, les concede algo “positivo”: que todos están deseando ser “ateos” y demostrarlo socialmente.



La religión suma de todos los males, sin mezcla de bien alguno

La crítica clásica de la religión, después de la crítica científica y filosófica, entraba siempre en explicar por qué los hombres, sin tener razones, se han empeñado en ser religiosos: Son las llamadas “teorías de la alienación”. También Dawkins entra en estas cuestiones humanísticas, éticas, sociales…, a partir del capítulo quinto del libro. La religión es origen de todos los males: guerras, odios, enjuiciamientos, injusticias, abusos de todo tipo, eliminación de la libertad, pederastia, ignorancia, superstición, etc.

Pero él mismo se pone una objeción: ¿y Hitler y Stalin? No eran religiosos y, sin embargo, hicieron mucho mal. ¿Cómo es posible? La solución que Dawkins propone es que el mal no lo hicieron como “ateos”, sino como “hombres”. Y esto hace que nos preguntemos obviamente: en muchos de los problemas producidos por la religión en el pasado y en el presente, ¿no estará también jugando un papel la condición humana, así como el contexto global de los individuos, de las culturas y de la historia? (En este post reflexionamos sobre este asunto).


Es verdaderamente muy difícil afrontar una valoración del pensamiento de Richard Dawkins sin entrar lamentablemente en la polémica. Pero es el mismo Dawkins el que ofrece a la consideración pública unas ideas que son polémicas por sí mismas, tanto por su contenido como por su forma.

Son polémicas por su radicalismo (llevadas al extremo, sin matices), por ser indiscriminadas (no distingue formas, sobre todo modernas, de religiosidad, sino que para él lo religioso es siempre un mismo comportamiento unívoco, arcaico, caricaturesco y peyorativo, sin matices), por su carácter ofensivo (a personas e instituciones muy concretas), por su desprecio generalizado de los seres humanos (que son en su mayor parte religiosos), por su dogmatismo (ignorando los principios críticos de la epistemología moderna), por su imprecisión argumentativa (donde se mezcla lo científico con lo filosófico, no se conocen los datos del problema y se procede sin matices valorativos y epistemológicos), por su intolerancia (ya que sus actitudes llevan a un tipo de sociedad no tolerante donde unos a otros no se respetan, sino que se desprecian).

¿No nos hemos pasado un poco? La verdad es que el análisis objetivo del contenido y forma de los desarrollos de Dawkins nos lleva a considerar que, sorprendente y lamentablemente, es así. Se trata (no podría ser de otra forma) de nuestra valoración subjetiva; otros harán quizá otra valoración que respetamos. Sumariamente hemos expuesto aquí los argumentos que nos apoyan. 


Demasiado agresivo

El mismo Dawkins parece advertir que quizá es demasiado agresivo y nos cuenta ingenuamente lo que le dicen sus compañeros de Oxford. Es fácil imaginar a sesudos profesores que le dicen: “Pero, Richard, no te ocupes tanto de la religión, déjala en paz…”. Es verdad que la religión ha tratado al ateísmo con radicalismo (y, todavía más, con la “hoguera”). Quizá hoy siga habiendo radicalismo (aunque no en el teísmo crítico que respeta al ateísmo, tal como explicábamos).  

Pero en el caso de Dawkins creo que se ha pasado la frontera de la sensatez y prudencia que cabría esperar de un profesor de Oxford: acusar de fraude o deshonestidad a personas e instituciones es algo grave. Despreciar a millones y millones de creyentes que viven honestamente su religiosidad, muchos de ellos desde un perfecto conocimiento de la ciencia y de la cultura, es una insensatez e indignidad humanística considerable. Podría haber expuesto el ateísmo de una forma más digna y competente, como otros muchos hacen".


Javier Montserrat 
Profesor titular en la Universidad Autónoma de Madrid, en el Departamento de Psicología Básica
Especializado en Percepción y ciencia de la visión

Paréntesis en gris añadidos



Los americanos suelen decir "two wrongs don't make a right". En efecto, dos errores no hacen un acierto y, mucho menos, un avance; actuar mal porque antes otros actuaron mal con nosotros, no es un "nuevo modo de transgresión revolucionaria" como pretenden los neoateos y mucho menos el germen de ningún tipo de evolución o progreso social. Transgresores eran Mandela y Gandhi, por poner dos ejemplos de lo que es "salirse del guión" de verdad, oponiendo tolerancia a la violencia. Eso sí es novedoso. La actitud de los nuevos ateos no es más que la burda e infantil venganza de toda la vida. Esa torpe actitud revanchista tan típica del ser humano que, precisamente, ha modelado la vertiente más sangrienta de la Historia del hombre hasta ahora y que continúa viviendo en la matriz de todos los enfrentamientos bélicos de la actualidad. Echen un vistazo al periódico de hoy y díganme si me equivoco. Esto nos lleva a concluir con el viejo rey sabio que "nuevo", lo que se dice "nuevo", no hay nada bajo el sol. Por desgracia...

Los malos modos es lo único que diferencia a los "nuevos" ateos de los educados ateos de siempre, pues no tienen ni un sólo argumento reciente, científico o filosófico, que suponga una auténtica novedad y los distancie ideológicamente del ateísmo clásico. En el aspecto científico casi diríamos que, atendiendo a los últimos descubrimientos de la física de partículas, el materialismo está perdiendo puntos por momentos.  

Pero, en este debate, los puntos, como la energía en el universo, nunca desaparecen: si alguien los pierde, es porque otros los ganan ;-)




***


"Imagina alguien que pontifica en Biología pero cuyo único conocimiento de la materia es el 'Libro de los Pájaros Británicos', y tendrás una idea bastante aproximada de lo que se siente al leer a Richard Dawkins cuando habla de teología. Los racionalistas confesos como Dawkins a menudo son los menos capacitados para entender lo que critican, puesto que no creen que haya nada que aprender, o al menos nada que merezca la pena entender. Por esta razón nos presentan, invariablemente, caricaturas de la fe religiosa que avergonzarían a un estudiante de primer curso de Teología. Cuanto más detestan la religión, más disparatadas son sus críticas. Si tuvieran que dar su opinión sobre la fenomenología o la geopolítica del sudeste asiático, estudiarían el tema en profundidad. Pero cuando se trata de Teología, parece que vale con cualquier manida patraña".

*** 

"Quienes critican esta forma de cultura popular (la religión), la más duradera en la historia humana, tienen la obligación moral de afrontar ese argumento en su versión más convincente posible, en lugar de apuntarse una victoria fácil ensañándose con él, reduciéndolo a la categoría de jerigonza estúpida e incomprensible. Puede que la teología cristiana sea falsa, pero quienquiera que la suscriba merece, a mi juicio, todo el respeto. No me merecen lo mismo quienes defienden guerras imperiales o quienes desdeñan la religión desde los clubes privados de los catedráticos universitarios, destacándola como una prueba más de la estupidez de las masas. Ditchkins (abreviatura cómica creada por el autor para nombrar al tándem *Dawkins - Hitchens) considera, por su parte, que ninguna creencia religiosa, de ningún lugar ni época, es digna de respeto alguno. Y esa es la opinión (vale la pena recordarlo) de alguien que declara tener una profunda aversión al dogmatismo"

Terry Eagleton
Escritor y crítico literario inglés de ideología marxista
Catedrático de Teoría Cultural en la Universidad de Manchester 
  Autor de "Razón, fe y revolución", 2012


 Dawkins se limita a atacar la parte "débil" de la religión, sus abusos y atrocidades, pero, como hemos indicado en otro punto del blog, eso equivaldría a que tratáramos de atacar a la Ciencia (en el caso de que nos interesara acometer tal empresa) concentrando nuestra atención sólo y exclusivamente en la creación de la bomba atómica y el desastre de Hiroshima y Nagasaki, acontecimientos en los que la Ciencia jugó un papel primordial. Como baza argumental, sería, evidentemente, muy pobre. Esta es la principal denuncia de sus críticos. 


***


"El fallo de Dawkins como académico ha sido su negativa escandalosa y aparentemente deliberada a presentar en su forma más fuerte la doctrina que él parece pensar que ha refutado.

Un académico que ataca una posición ideológica que él cree que debe estar equivocada tiene, por supuesto, que atacar esta posición en su forma más fuerte. Esto no lo hace Dawkins... y su fallo es el indicador decisivo de su falta de sincero propósito académico y, por lo tanto, me da título para acusarlo de haberse convertido en algo que él probablemente consideraría imposible: un fanático laicista".


Antony Flew 
Filósofo y escritor inglés 
Profesor en Oxford y otras muchas universidades 
Perteneció a la escuela del pensamiento evidencialista





 Todas las entradas sobre Richard Dawkins, aquí.


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