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Este blog ha sido creado sin ánimo de lucro, no me reporta ningún tipo de beneficio económico o de cualquier otra índole. El único interés que me guía en este proyecto es la divulgación, el intento de llevar al gran público un aspecto del debate ciencia-fe que, considero, no es suficientemente conocido, pero que, no por esto, debe ser obviado si pretendemos construirnos un criterio global y objetivo sobre un tema de candente actualidad.

Todos los párrafos aquí reproducidos son propiedad intelectual única y exclusivamente de sus autores. Siempre que sea posible se indicarán los títulos de los libros u otro tipo de publicaciones de donde fueron extraídos, así como el nombre y credenciales académicas de esos mismos autores. En algunos casos se proporciona al lector enlaces a librerías on line donde pueden adquirir sus obras. Aquí encontrarán una amplia bibliografía referente al debate ciencia-fe, que incluye todas las obras de divulgación consultadas en la progresiva elaboración del sitio.

Sólo los textos escritos en las entradas en caracteres grises son artículos de opinión de mi autoría. Si desean reproducir éstos en otros blogs o páginas web, indiquen, por favor, mi nombre o el lugar del que proceden. Gracias.

Bienvenidos :-)

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El fundamentalismo, ateo o religioso, es una respuesta ante el miedo. Guy Consolmagno

candado


"Es preciso entender que las personas que están generando una guerra entre ciencia y religión están tratando de venderte algo. Tienen una agenda definida, y esa agenda no se basa en la verdad. Esto se aplica a los dos polos, tanto al ateo que insiste en que la religión no es más que una fuente de mal, como para los fundamentalistas religiosos que insisten en que la ciencia es la fuente de todos los males. Ambos pretenden que el mal no está en ellos, sino en los otros. Es, de algún modo, una respuesta ante el temor. El fundamentalismo es una respuesta al miedo. Si tienes miedo de la religión, estás afirmando que no tienes fe en tu ciencia. Y si temes a la ciencia, estás afirmando indirectamente que no tienes fe en tu religión. En el fondo tú no tienes fe en la verdad. Yo creo que la causa (de que se intente establecer una guerra entre ciencia y religión) es el temor.

Los científicos que no tienen ninguna preparación filosófica y tratan de filosofar, hacen el ridículo. Lo hemos visto en muchos libros, y se los venden en su gran mayoría a personas que de antemano desean estar de acuerdo con ellos.  

Por otro lado, las personas creyentes que no tienen ninguna preparación científica, hacen igualmente el ridículo cuando intentan hablar sobre ciencia (hablamos de este asunto aquí). Ellos también están intentando vender libros a personas que ya están de acuerdo con ellos. La ironía es que la gran mayoría de las personas religiosas no son fundamentalistas, e incluso están de acuerdo con la ciencia y la asumen. Y la gran mayoría de científicos están felices con la religión. Si te das cuenta, ¡ambos grupos son las mismas personas! Pero nosotros, que conformamos esa gran mayoría, hemos permitido que el debate público sea dominado por las personas que están tratando de venderte algo, sea de un extremo o del otro. Y la gran mayoría de las veces, lo que están intentando vender no tiene nada que ver ni con la ciencia ni con la religión".

Guy Consolmagno
Astrónomo estadounidense
Formado en el Instituto de Tecnología de Massachusetts,
actualmente es jesuíta y portavoz del Grupo de Investigación del Observatorio Vaticano

En 2000, un asteroide fue nombrado en su honor por la Unión Astronómica Internacional: "(4597) Consolmagno", también conocido como “Little Guy”



Comparto con el paciente lector una breve anécdota que nos resulta útil para ilustrar lo que nos cuenta Consolmagno: hace unos meses, en el transcurso de una de mis escasas discusiones con ateos, propuse a mi oponente que ampliara sus lecturas con una lista de obras de científicos y filósofos de la Ciencia que proceden del sector crítico con el reduccionismo, autores que están empezando a reconsiderar la hipótesis "Dios" a la vista de los últimos descubrimientos en física y astronomía. Pues bien, mi mozalbete ateo se cerró como una almeja pocha y se curó en salud soltándome un rotundo: "yo no leo basura"... Estarán conmigo en que, como estrategia defensiva, no deja de ser una solución eficaz :-) "Sólo los libros que corroboran lo que yo pienso son fiables, todo lo demás es basura". Los entendidos lo llaman "sesgo de confirmación", yo lo llamo "escudo antimisiles" :-) Así tienen, desde luego, las espaldas cubiertas y las ideas a salvo bajo candado.


 Pero, por sus miedos los conoceréis. Lo que estos apasionados ateos no acaban de captar es que esta actitud excluyente, estas líneas rojas tan obcecadamente defendidas, esconden un problema de inseguridad, como explica bien el astrónomo al que dedicamos hoy nuestra entrada. Si te niegas a contemplar otras versiones distintas a la tuya sobre cualquier tema, quizás deberías empezar a plantearte si no estarás permitiendo que el temor vaya ganando plazas por tus fueros. Porque cuando alguien está muy seguro de su postura, poco o nada le puede afectar que otros expongan las suyas. De hecho, el estudio pormenorizado de esas otras opiniones solo puede, en este caso, enriquecer tu bagaje cultural e incluso, por oposición, afianzar tus propias creencias, si éstas ya son bastante firmes, y esto es válido tanto para el ateo como para el creyente. 
 

Por cierto, a quien pueda interesar, los autores cuya obra recomendé a mi amiguito ateo y que él consideró, aún sin conocerlos, "fabricantes de basura" eran: el filósofo de la mente Thomas Nagel, el filósofo de la Ciencia Paul Feyerabend, el escritor Aldous Huxley, el biólogo Kenneth Miller, y los físicos Russell Stannard, Paul Davies y Hans-Peter Dürr, entre muchos otros... Por supuesto, habrá quien me acuse -una vez más- de hacer uso del argumento de autoridad, y una servidora -una vez más- les adverti que esta misma acusación también es aplicable a quienes citan a Hawking, Dennett, Dawkins, Hitchens, etc. para defender su ateísmo. La diferencia radica en que muchos ateos que citan alegremente a estos expertos, la mayoría de las veces, no saben que los están citando: simplemente, oyeron sus ideas en algún sitio y se limitan a repetirlas como si fueran propias, o como si hubieran brotado del suelo como los champiñones. O eso, o bien creen (por fe :-)) que estos autores están en posesión de la Verdad y los que piensan lo contrario, no.


***


Si me lo permiten, añado una última anécdota para cerrar esta entrada ya demasiado extensa: hace algún tiempo, traté de exponer mi postura teísta a una conocida mía, apoyando parte de mi argumentación en algunas célebres reflexiones de Pascal. Tampoco me dejó terminar, su respuesta, por una vez, me dejó muda:

"Yo no sé quién es ese Pascal, y no me hables de él que no quiero cambiar de opinión".



Lo que me dejó sin habla no fue la respuesta en sí, pues, como vengo diciendo, sé que muchos ateos, sobre todo si son jóvenes, se sienten inseguros respecto a sus creencias y tienen miedo a que alguien pueda sembrar dudas que abran grietas en su acorazado escudo-anti-curas :-), de ahí su férrea autocensura literaria. Lo que me dejó a cuadros fue la brutal sinceridad de mi amiga, su conmovedora inocencia. Pasada la sorpresa inicial, solo pude experimentar ternura hacia ella. Al menos fue honesta y esto es algo que considero excepcional en este colectivo; ella me dejó clara desde el principio su intransigencia, y al descubierto su temor a estar equivocada. Tenía miedo de que su concepción del mundo fuera errónea, y me lo confesó, sin más. Una actitud que no pude menos que agradecerle, aunque la suya fuera una reacción visceral más que una respuesta premeditada.


Por supuesto, respeté su deseo, jamás volví a hablarle de Dios ni de Pascal.
 

***


"Yo deseo que el ateísmo esté en lo cierto. Y me siento muy incómodo ante el hecho de que algunas de las personas más inteligentes y bien informadas que conozco sean creyentes… Yo no quiero que Dios exista…" 


Thomas Nagel
Filósofo estadounidense
Profesor de Filosofía y Derecho en la Universidad de Nueva York





Ver también: 

Todas las entradas sobre el falso conflicto ciencia-fe, incluida ésta, aquí.

Más información en nuestra Bibliografía.


Hay un último nivel de la realidad que no es observable. Ramón María Nogués

buscando la ultima realidad


"La neurociencia humana puede captar activaciones de redes neuronales con ocasión de experiencias psicológicas o espirituales relativas a valores como la dignidad, etc.; pero estas observaciones están muy lejos de explicar la experiencia de la dignidad, que es un “qualia” típico. Estamos ante experiencias que llamo “trascendentes” en el sentido de producirse mucho más allá de las experiencias correspondientes a las necesidades de supervivencia, que responden a programaciones hipotalámicas, etc. Estas expresiones humanas que van mucho más allá de lo imprescindible para la supervivencia, y que se manifiestan en lo ético, lo estético, lo religioso, lo amoroso, lo filosófico, etc., se producen evidentemente en relación con el cerebro, pero no se agotan con explicaciones neurológicas (es decir, que no se explican únicamente porque supongan ventajas evolutivas).

En este sentido puede hablarse de trascendencia, de ir más allá de lo predecible desde la naturaleza de un cerebro que garantiza el sobrevivir. Por poner un símil: cuando yo conozco perfectamente la estructura y naturaleza del motor de un automóvil, todavía no conozco nada del posible itinerario o de los proyectos del viaje. Puedo conocer perfectamente el cerebro y desconocer algunas de sus dimensiones “transcendentes”. En este punto hay que reconocer la singularidad mental humana. No vale decir que la psicología y la cultura humana son simplemente una manifestación más de las redes neuronales. Es demasiado sencillo y reduccionista el dar este tipo de explicaciones que de un manotazo eliminan la complejidad.  


Cogiendo el toro por los cuernos, yo a veces paso a la consideración de las teorías de los físicos gnósticos americanos-orientales que afirman que lo único que existe es lo espiritual; la materia es un error de percepción. A mí también me gusta jugar a veces con esta variable como provocación epistemológica, porque realmente no sabemos cuál es la frontera que en definitiva estaría separando lo que llamamos espíritu de lo que llamamos materia. Pero esto creo que quizá no es equiparable a la cuestión de mente-cerebro, es decir, la cuestión cerebro-mente no es lo mismo que materia-espíritu.

Me parece que la noción de mente, finalmente en la neurología, es funcional y yo no me atrevo a decir que, cuando la mente se ha degradado, todo lo espiritual haya desaparecido, porque estoy entrando en otro campo; entre otras cosas, porque el neurólogo tiene competencias en lo observable y hay un último nivel de la realidad que me parece que no es observable, y sería aquel nivel en el que discutiríamos si lo espiritual o lo material… y, en último término, llegaríamos a lo trascendente (¿Dios?); y desde luego la ciencia no es competente para hablar de Dios".

Ramón María Nogués
Biólogo
Catedrático emérito de Antropología Biológica en la Universidad
Autónoma de Barcelona
Especialista en investigación de genética de poblaciones y evolución molecular del cerebro


 

 

 

Ver también:

 

Verghese y Falkengburg versus Daniel Dennett. El problema de la consciencia (I).

La pregunta de Leibniz y los múltiples mapas de la realidad. 

La nueva concepción de la realidad y el fin del reduccionismo. 

La realidad será eternamente inasible.




Los límites de la Ciencia. Martín Bonfil Olivera

ajedrez ciencia

"Hay cuestiones para las que el método científico resulta inadecuado, fuera de lugar. Van desde las muy profundas (¿existe un dios —o diosa— creador del universo? ¿Cuál es el sentido de la vida humana?) hasta las muy terrenales y cotidianas (¿cómo resolver problemas políticos, amorosos, éticos..?) En todos estos casos, la ciencia no sólo no tiene nada que decir; debe permanecer al margen del debate.


Ante estos límites, una buena comprensión de lo que es la ciencia nos obliga a tener paciencia para llegar a conocer lo que todavía no conocemos, y humildad para aceptar que hay respuestas que nunca podremos conocer. Pero también a ser lo suficientemente inteligentes para reconocer que hay preguntas que tendremos que responder, sólo que sin su ayuda".


Martín Bonfil Olivera
Químico, biólogo y divulgador mexicano
Fue profesor de Ciencias en la Universidad Nacional Autónoma de México
Es colaborador habitual de la revista de divulgación The Cult


***


En efecto, en nuestra opinión, como ya hemos comentado en otras entradas, la Ciencia debería permanecer al margen de determinadas cuestiones porque, si cometemos el error -que ya cometen muchos- de interpretarlo TODO exclusivamente a través del prisma aséptico del método científico, podríamos acabar, por ejemplo, calificando de "inmorales" a las madres que no abortan a sus bebés con Síndrome de Down (Richard Dawkins, ver polémica aquí) o aconsejando a los ancianos que dejen de cuidarse con el sano propósito de que mueran pronto, que no se vuelvan "patéticos" y no supongan una molesta carga para sus familias y la sociedad. Hablamos aquí de Ezekiel Emanuel, un oncólogo norteamericano de 59 años, que, observando la corrida desde la confortable seguridad de la barrera en la que ahora se encuentra, sitúa la frontera con el "patetismo" en los 75, edad a la que, siempre según sus reduccionistas conclusiones, el hombre deja de ser "creativo" y debería pasar a mejor vida... Aconsejamos al lector consultar las biografías de Monet, Renoir, Buñuel, Picasso, Berlanga, Dalí, etc. Qué manía tienen algunos genios con dejar mal a las eminencias :-). Mick Jagger tiene 72... Quizás también debería ir pensando en dejarse morir en lugar de derrochar tanta creatividad por esos escenarios de Dios y molestar a todo el mundo... especialmente a las eminencias ;-)
 
Bromas aparte, lo más inquietante, como ya hemos indicado aquí en múltiples ocasiones, es que, contemplada la cuestión desde su angosta perspectiva, Dawkins y E. Emanuel no estarían equivocados. Como todos sabemos, definido sólo desde el paradigma actual fisicalista, y negándole cualquier otra dimensión que no sea la descrita en estos momentos por la Ciencia, el hombre no es más que un aborto casual de la Nada, una bacteria hipertrofiada que, si no funciona correctamente, se convierte, en buena lógica, en un palo atravesado entre los radios de la gran rueda de la Selección Natural... O funcionas bien, o eres lastre y estorbas. Ni más ni menos.


Esto no me lo estoy sacando de la manga; los lodos actuales, para quienes a estas alturas aún no lo sospechen, vienen de estos polvos:


"Los miembros débiles de la sociedad van propagando su naturaleza, con grave detrimento de la especie humana, como fácilmente comprenderán los que se dedican a la cría de animales domésticos. Es incalculable la prontitud con que las razas domésticas degeneran cuando no se las cuida y, a excepción hecha del hombre, ninguno es tan ignorante que permita sacar crías a sus peores animales...

Entre los salvajes, el débil es rápidamente eliminado, y los que sobreviven exhiben normalmente un estado de salud vigoroso. En cambio nosotros, hacemos los mayores esfuerzos por controlar ese proceso de eliminación... Hay razones para creer que la vacunación ha preservado a muchos individuos de constitución física débil, que de otro modo habrían sucumbido ante enfermedades comunes (viruela, etc.) De ese modo los miembros débiles de las sociedades civilizadas propagaron su linaje...

Debemos sobrellevar los males que a la sociedad resulte de que los débiles vivan y propaguen su raza". 

Charles Darwin
Naturalista inglés
Extracto de "El origen del hombre", 1871 



En el mismo tratado, Darwin especifica quiénes son aquellos a los que él considera "los miembros débiles de la sociedad" (en otros puntos los llama "miembros inferiores" con esa conmovedora incorrección política tan victoriana), a saber, textualmente: "los pobres", "los imbéciles", "los tullidos" y "los enfermos" -físicos y mentales-). Paradójicamente, entre los "débiles mentales o débiles de alma" se hallaba él mismo, pues sufría una fuerte neurosis que le causaba ataques de pánico y le impedía llevar una vida normal. Esta es una de esas tristes ironías de la Historia, porque toda la obra de Darwin, hoy tan celebrada, fue escrita cuando su trastorno estaba muy avanzado. Resulta que precisamente su enfermedad, su "debilidad", fue pieza clave en la elaboración de sus libros ya que, según aseguran algunos de sus biógrafos, la actividad intelectual le ayudaba a relajarse. Agradecemos, pues, a la Selección Natural que, a pesar de pertenecer a la categoría de los "débiles mentales", no eliminara a Darwin antes de que finalizara su trabajo. Y agradecemos a la Naturaleza en general que le llevara tan obstinadamente la contraria respecto a eso de la "inutilidad" de las "razas inferiores" :-)


Aunque estamos convencidos de las honestas intenciones de Darwin, lo que sin lugar a dudas no surgió de la nada fue el espíritu de Auschwitz. Pero, como afirma la sabiduría popular: el averno está empedrado de buenas intenciones, y basta echar un vistazo a esos párrafos anteriores y otros muchos de "El origen del hombre" para deducir que el infierno de la II Guerra Mundial estuvo empedrado de cientifismo. La Ciencia y sus difusos límites estuvo bastante más relacionada con el nacimiento y auge del nazismo de lo que muchos están dispuestos, aún hoy, a confesar. De hecho, cuando señalamos esta realidad histórica, muchos "fans" de la Ciencia, generalmente materialistas, se rasgan las vestiduras y nos llaman "desquiciados", como si hubiera sido nuestra y no de Darwin la idea de clasificar a los seres humanos en razas "superiores" e "inferiores" y se nos hubiera ocurrido a nosotros que es un "mal para la sociedad" que los "débiles" se reproduzcan... Nuestros "fans" de la Ciencia se enfadan y nos insultan (quizás debido al síndrome de los comedores de ajos :-)), pero, hasta ahora, ni uno solo ha sabido explicarnos, entre insulto e insulto, por qué no tenemos razón al proclamar que hay una relación clara entre el darwinismo y el ideario segregacionista de Hitler, y entre estos y el cientifismo, la ideología que mantiene que sólo la Ciencia tiene acceso fidedigno a la verdad y que esta verdad interpretada por la Ciencia es soberana y extrapolable a todo ámbito humano.


Visto de este modo y volviendo al principio, ¿qué tal si, como aconseja Olivera, dejamos las grandes cuestiones como el sentido de la vida, la resolución de problemas políticos, amorosos o éticos a aquellas disciplinas que fueron concebidas específicamente para tales fines? En otras palabras: ¿qué tal si dejamos que la Ciencia se mantenga fuera de este debate, se ciña a su campo de estudio y nos muestre "de qué" está hecho el mundo material -algo que hace de maravilla- y les deja a los demás la ardua, pero fascinante tarea de intuir y reflexionar sobre el "por qué" y el "para qué" está hecho ese mundo material?

¿Qué tal si, entre todos, hacemos lo posible para que las puertas de Auschwitz
 continúen cerradas?




Disculpen las mayúsculas.
Ver también:


No somos solo física y química.
El fundamentalismo científico, una forma de pseudociencia.
La pregunta de Leibniz y los múltiples mapas de la realidad.
La Ciencia, uno de los caminos para aprehender la realidad.
El origen de las leyes naturales o la pregunta número 23.
Los dogmas de la Ciencia.
Jacques Monod y la mitología materialista de la Ciencia.


Más información en nuestra Bibliografía.
 
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